Amita Tatiana está en casa desde el Jueves pasado y nuestras vidas están patas arriba.
Todo el día ella, la familia, los amigos (sobre todo los de mi amita) entran, salen, invitan, son invitados.
Cuando se apacigüe este "vaya y venga" Madreselva y yo estaremos de nuevo por aquí contándoles a qué se parecen la felicidad y el Paraiso en la Tierra.
Aunque el señor y la señora dicen que están solamente medio felices porque la niña Nathalie parece que definitivamente no podrá venir a Colombia en este verano...sniffffff...con razón dicen los humanos que no hay felicidad completa... yo digo que de lo que se trata es de disfrutar al ciento lo que hay, no les parece?
Pura filosofía perruna. Los perros nos complicamos menos la vida, me parece a mi.
lunes, 25 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
Mi Amita me ama, mi Amita me mima, amo a mi Amita
A mi familia humana le gustan los animales, especialmente los
perros....pero no en el interior de las casas urbanas sino en el campo.
Fue, entonces, un verdadero milagro que hubieran aceptado hace algunos
años que yo fuera parte de ellos. Si no
es porque mi Amita, nuestra G.D. Tatiana, se pone firme con la tozudez
de sus entonces 8 años (terquedad que no ha perdido... genio y figura...) yo no estaría
aquí contándoles este cuento.
Llegué de pocos días y enfermita. Un (pseudo) veterinario que aparecía
en las páginas de avisos clasificados fue a venderme a domicilio porque mi
Amita lo contactó por teléfono aprovechando que la señora de la casa vivía
todos los días engolosinada con su recién descubierto Internet y no se enteraba
de casi nada de lo que sucedía a su alrededor, aunque sí tuvo la lucidez
suficiente para decirle categóricamente a mi Amita que no le iba a comprar ningún
perro, que en esta casa NUNCA habría
mascotas, que la familia materna tenía un amplio historial médico de alergias,
que éso de tener animales era para las fincas y los ambientes rurales y
campestres y que si insistía pues que buscara ella misma su perro (creyendo que
no sería capaz de hacerlo...no hay que subestimar a los hijos y muchísimo menos
a Amita Tatiana).
La mocosa se las ingenió para mirar en el directorio telefónico e hizo
sus propias llamadas. Se emberrinchó porque le rechazaron una rottweiler que se
llamaría Bárbara, otra perra que ya estaba crecida y seguramente tenía mañas y
varios perros por éso mismo: por ser perros que, en virtud de su género, dizque
son muy alborotados...nada valió, esa niña nació terca como una mula. Ella
quería un perro pero de los de verdad-verdad.
Digo que de verdad-verdad porque como el pedido venía de muchos años
atrás, la mamá se aprovechó de la ingenuidad de sus pequeñísimas hijas y les
compró en una Navidad dos perritos blancos...de baterías, que ladraban, corrían
a pasitos menudos y se paraban en las patitas traseras y así las tuvo
entretenidas como dos años. Pero las criaturas crecieron, se dieron cuenta del
cruel engaño materno y empezaron a reivindicar su derecho a tener una mascota. Y
entonces, gracias a la tenacidad, terquedad, tozudez o como quieran llamarla de
Amita Tatiana aparecí yo en sus vidas.
El mismo día que llegué debuté vomitando y con crisis de diarreas
continuas, no comía. Tenía la mirada opaca y triste. Era una cosita menudita de
pelo dorado (es que soy una Labrador dorada). Hicieron venir una veterinaria
muy jovencita que apenas me vió les dijo que acababan de comprar una cachorra
enferma y destetada antes de tiempo, que tenían que hospitalizarme, que estaba
deshidratada y para mimarme y darme ánimos, me daba besitos en el hocico. Los
tíos de mi Amita Tatiana, muy coquetones todos ellos, no le quitaban los ojos
de encima a la muchachona hasta que la vieron besándome y casi se enferman del
puro asco.
Breve, me tuvieron varios días en un hospital veterinario dentro de una
jaula muy cómoda y me pincharon una de mis paticas para ponerme suero. Toda la
familia venía a visitarme diariamente como si yo fuera una enferma humana.
Incluida la (entonces) niña Nathalie que, tan fina ella desde siempre y ahora
incluso más, arriscaba la nariz durante las visitas porque decía que guácala,
que le olía a desinfectante y a perro y "vámonos rápido de aquí, porfa,
que me estoy mareando".
Y así ha ido pasando el tiempo entre una y otra travesura pero nada qué
ver con lo que habían pronosticado algunos metiches: que iba a dañar las
cortinas, que viviría metida en la piscina porque los labradores somos
cazadores y nadadores, en fin...qué mala propaganda la que me hicieron algunas
almas malintencionadas, mis amos no me quitaban los ojos de encima, éso no era
vida ni para ellos ni para mí. Venido a ver que lo único que hice fue comerme
una sandalia de plástico de ésas de caminar por la playa y desbaratar a mordiscos
una billetera fina de cuero con sus respectivos billetes y documentos.
Ahhhhhhhh y perseguir a un hamster que se escapó de su jaula pero fueron tantos
los gritos de horror de todo el mundo que me distraje unos segundos y el
hamster se escondió debajo del sofá.
Otro día me escapé voluntariamente durante 24 horas y me dieron por
muerta o robada. Me lloraron imaginándome en medio de una gran vía cercana,
toda destripada o agonizando, con miles de moscardones verdes sobrevolándome y
esperando mi último suspiro gruñido para proceder a darse un banquetazo.
Mamá e hijas montaron una tragedia griega digna de Esquilo, botaron
lágrimas a más no poder, juraron no reemplazarme con ninguna otra perra y entre
gemidos y suspiros hasta empezaron a acusarse mutuamente de no haberme cuidado
bien o de haber dejado abierta la puerta por la cual me escapé.
Pero aparecí como si nada al otro día. El jardinero (porque eran otros
mejores tiempos y vivíamos en una casa grande con jardín y jardinero) me
encontró por la noche echada al pie de la puerta de entrada...pero éso ya lo
contó la señora en un mail que en su momento partió raudo y veloz para el
correo de su amigo Bernardo en Entre Ríos, por allá en la Argentina. Probaré a
robarlo de sus archivos para compartirlo. Ahí perdonarán algunas exageraciones
de la señora, me hace quedar como lo peor, como la suela de las alpargatas.
Lo cierto es que la niña Nathalie empezó a rezongar que qué ridiculez,
que tanto escándalo para nada, que tanta lágrima botada en vano; mi Amita
Tatiana me recibió con caricias y palabritas tiernas, me dijo que yo era su
gordita adorada y que siquiera había aparecido sana y salva sino ella se habría
muerto también; la señora de la casa me regañó por traviesa y aventurera, que
la próxima vez ni volviera, que daría órdenes de que no me abrieran la puerta;
el señor meneó la cabeza de un lado para otro y se lamentó de la familia tan
farandulera que le había tocado en suerte pero también dijo que me iban a
redoblar la vigilancia y que por un tiempo no volvería a llevarme al parque
vistas mis incontrolables ansias de libertad y mi tendencia a darme a la fuga
tan pronto se me presentaba la oportunidad.
En otra ocasión me robaron los obreros de una casa que estaban
construyendo en el barrio y me dejaron amarrada con un lazo que yo mordí en la
noche y así pude volver, triunfante, a casa. Como los humanos son tan raros y
esta familia mía lo es especialmente, pues me recibieron como heroína pues ya
había corrido la voz de que esta vez no se trataba de una desaparición
voluntaria sino de un robo.
Pero me gusta mi familia humana y yo les gusto a ellos. Me quieren y yo
los saco con frecuencia a pasear por el parque, los eduqué para que esperen
pacientemente a que yo huela cuanto poste o árbol se me atraviesa en el camino.
A los que no tienen todavía dueño yo les extiendo un húmedo certificado de
propiedad.
Estoy envejeciendo y en estos días, como está apretando de nuevo el
calor, se me está cayendo el pelo a montones. Ellos no saben si me estoy
quedando sorda o es que con los años (estoy en la mediana edad) me he vuelto
desobediente y confianzuda y ya no les hago caso porque es que les da por
llamarme justo cuando estoy en lo mejor del sueño, yo qué culpa que me quede dormida y atravesada
exactamente por donde ellos tienen que pasar.
Mi preciosa Amita Tatiana llega a casa en menos de 20 días para sus
vacaciones de verano. Yo me pongo loca de felicidad cuando la veo aunque sea
una vez al año: salgo, entro, salto, me le echo a los pies y le muestro la
pancita para que me acaricie y me diga ternezas mitad en francés, mitad en
español. Yo creo que "ma petite chérie, je t'adore, tu m'as beucoup
manqué, ma belle" quiere decir algo bonito y dulce porque la voz se le pone
acariciadora, como si fuera de terciopelo y sus lindos ojitos cosacos se le
entrecierran aun más.
Sin embargo, tengo que reprocharle una promesa incumplida: siempre dijo
que apenas terminara la secundaria se iría al día siguiente para la lejana
Francia, con sus maletas y conmigo. Pero no, qué va!, Acá sigo: que si por allá
hace mucho frío para mi (entonces no tienen perros los franceses?), que si voy
a estar encerrada todo el día en un apartamento vacío mientras ellas estudian y trabajan y
salen a rumbear porque eso si, a estas dos jovencitas para amigueras y
bailarinas las buscan y están muy ocupadas. Y las excusas siguen: que si ésto,
que si lo otro, que si lo de más allá… Me la debe esta muchachita.
A veces la oigo por algo que los humanos llaman Skype. Cosa más rara: se
ven, se hablan, se oyen, pero no están de cuerpo presente. La señora me llama
al pie de su portátil y Amita Tatiana empieza a hablarme con su vocecita de
miel y caramelo derretido. Yo me pongo como loca, doy vueltas en redondo y
ladro con desespero porque la oigo pero no la huelo... donde estás amada Amita mía?
Ellas dos se ríen a las carcajadas, no se qué cosa les parece tan
graciosa. Y yo vuelvo a echarme en mi rincón, esperando con mi amor de perra
fiel a que llegue el día de este caluroso Junio del año en curso en que Amita
Tatiana venga a llenar la casa de risas y alegría y mi vida de caricias y
ternura.
Se les quiere, blogueros (as).
Pucky ( así me llamó la señora en honor a Puck, "un picaro y bellaco duendecillo" en la comedia"Una noche de verano"...pero no la culpo. Ella estaba influenciada por las referencias que le habían dado de los cachorros de mi raza)
Pucky ( así me llamó la señora en honor a Puck, "un picaro y bellaco duendecillo" en la comedia"Una noche de verano"...pero no la culpo. Ella estaba influenciada por las referencias que le habían dado de los cachorros de mi raza)
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