Antier el gringo (día 22) y ayer mi papá (día 23) estuvieron de cumpleaños.
Si el gringo y yo
estamos perfectamente sincronizados en algo es en la alergia que le tenemos a
la celebración personal de ciertas fechas (la mayoría de ellas con puro sentido
comercial como el Día de San Valentín, etc etc etc).
Y…. al día del
cumpleaños propio! No nos gusta éso de ser el centro de la atención, de las
fotos, de la canción “Que los cumplas felices”, de los besos, abrazos y
apretones de mano de todo el mundo, (también etc etc etc)
Si de nosotros
dependiera nos iríamos en esa fecha a algún retiro en la cima de alguna de nuestras tres
cordilleras, a pasar el día en un monasterio o convento de clausura y
volveríamos cuando ya en la memoria colectiva familiar nuestro cumpleaños fuera
solamente un recuerdo medio desdibujado por el tiempo (hay eventos que el Clan
olvida relativamente fácil y rápido).
Mi papá ha decidido
entrar en la misma onda. Últimamente nos pide que no le programemos nada en
especial, que si la manada de hijos, nietos y nueras pasan a saludarlo se les
atienda con sus respectivas porciones de pastel y helado pero que sea algo
espontáneo. Nada formal. Para formalismos estamos ahora sobre todo en su caso.
Que aunque recuperado al 99% en todas sus funciones ha quedado un tris
disminuido y sobre todo con menos vitalidad que antes. Y pocas ganas de hacer
alarde de ella.
Anoche, entonces,
reunimos ambos eventos en uno solo y festejamos simultáneamente a los
cumpleañeros. Eso sí, había más gente (y todos de la familia) que pastel y
helado. Tocó hacer la multiplicación de los panes.
Luego acudimos al inevitable
salvavidas de las reuniones programadas casi que a última hora: mandamos a
traer cajas de arroz chino y legumbres. Quedamos hasta la coronilla de arroz
taiwanés y legumbres salteadas. Por ahí hay todavía algunas porciones para el almuerzo
dominguero.
Los miembros del Clan
que no asistieron fue porque no estaban en la ciudad y ni siquiera en el país.
Porque hasta los difuntos nos acompañaron de espíritu. Cuando estamos reunidos
para algún evento familiar significativo no falta quien los traiga a colación
echándolos de menos o haciéndonos reir con alguna anécdota de ellos (que son
siempre las mismas porque obviamente no hay nada nuevo que contar de ellos pero
igual nos enternecemos y nos reímos a carcajadas).
Esperemos que ellos
también se diviertan en el más allá recordando sus bromas y sus travesuras
terrenales durante su última reencarnación conocida en el más acá.
Los más jóvenes nos
piden (siempre) (las mismas) explicaciones, que les pintemos el perfil físico y
de personalidad de cada uno y lamentan no haber contemporizado con esos tíos.
Que se habrían divertido también mucho con ellos y a costillas de ellos.
Conociendo a mis hermanos (vivos y difuntos) y sus tendencias a las bromas y a
la burla…!!!
Aprovechando la
ocasión, para el Clan ya el gringo dejó de ser gringo. Ahora y para todos los
efectos, es “el míster”. Cambio de tercio. Es que nos gusta renovarnos cada
tanto y somos tan pero tan originales!!
No le dicen “belga”
porque eso se presta a ciertas interpretaciones si le cambian una de las letras
por una “r”. En el comienzo, recién lo conocieron y le aceptaron la membresía en
el Clan, quisieron hacer bromitas sobre el asunto pero el primero que arrugó la
cara en señal de disgusto y desaprobación fue mi papá, el patriarca del Clan
(que de esos comentarios de doble y triple sentido nadita de ná), entonces se
decantaron por “el gringo”, como le conocen en la panadería de la esquina, en
la tienda de abarrotes, entre algunos vecinos del barrio.
Conclusión: hubo
cambio de denominación en el más reciente aquelarre del Clan, la nueva
identidad del padre de las Grandes-Duquesas es “el míster”. Que se sepa.
Publíquese y cúmplase.





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