miércoles, 29 de junio de 2016

Decisiones

Qué difícil es tomar algunas aunque las razones para hacerlo sean imperativas.

Las mías siempre (bueno, casi siempre) son pensadas y repensadas. Me dan miedo las equivocaciones. No me las perdono fácilmente.

En algunas situaciones sufro mientras las tomo y mientras esas decisiones se llevan a cabo pero una vez que llega este momento, ceden mis tensiones, tristezas y temores.

Ayer fue el día en que decidimos que el más grande acto de amor con nuestra perrita Pucky era mandarla a descansar en el cielo de las mascotas.

Era una labrador dorada de casi 15 años aunque mis Grandes Duquesas dicen que en realidad fueron 15 y medio. De todas maneras, más años de los que normalmente viven los perros especialmente de esta raza y tamaño.

Me duele que hayamos tenido que tomar esa decisión nosotros, sus humanos.
Le hubiera agradecido eternamente que nos hubiera hecho el favor de morirse naturalmente pero nos dejó elegir a nosotros.

Fueron 24 horas previas de llanto en Cali y en Lyon. No queríamos que llegara el momento aunque las condiciones de nuestra amada mascota así lo exigían y no podíamos permitirnos el atrevimiento y la inconsciencia de dejarla sufrir.

Murió en casa, su casa, previamente sedada por el veterinario y luego inyectada. Su transición fue rápida y ahora está en un rincón de nuestro jardín trasero.

Hemos llorado mucho, incluso el míster se ha permitido soltar sendos lagrimones. Mis hijas nos han llamado llorando desde Francia y entre lágrimasy sollozos inconsolables han seguido todo el proceso paso a paso.

Repito: fue una decisión difícil de tomar, sufrí mucho mientras esa decisión se llevaba a cabo pero ya voy sintiéndome más tranquila y conforme. Mi Puckita hermosa entenderá que fue un acto de amor pensado y repensado y seguramente no me agradecerá que haya tenido momentos de duda el día anterior.

Fue una perra noble, cariñosa, nada agresiva. Toda la familia la quería, han lamentado su muerte y estoy segura de que van a extrañarla montones cuando vengan a casa y ella no esté por ahi saludándolos o echada al pie de cualquiera de nosotros.

Gracias, mi linda, por todas tus manifestaciones de amor cuando te hablábamos o cuando nos veías llegar. Extrañaré tu mirada llena de ternura y tu colita batiéndose cual molino de viento como muestra de afecto genuino.

Estás en nuestro jardín para consolarnos sintiendo que sigues estando cerca, al alcance de la mirada aunque bajo tierra.

Gracias por tanto amor puro e incondicional. Te mereces todas y cada una de nuestras lágrimas.

Siempre te amaremos y como escribió mi hija menor (tu dueña) en su muro de Facebook, siempre te llevaremos en nuestros corazones. Que seas eternamente feliz en tu nuevo paraíso.

Mi Gran Duquesa Menor con Pucky hace dos años

Pucky en sus buenos y muy viejos tiempos









martes, 21 de junio de 2016

De los monstruos del celuloide a los de carne y hueso (#2)

Pero estas tristes historias de vida tienen un elemento que las hace aún más tristes e increíbles: madres que en su momento se hicieron de la vista gorda y prefirieron  fingir que no creían por miedo a cuestionar o a enfrentar a su pareja, por temor a ser abandonadas por el proveedor de la familia a quien no conviene enviar a la cárcel por considerar que aún abusador e incestuoso es necesario económicamente en el hogar.
Prefieren su repugnante presencia en casa a verlo improductivo encerrado entre barrotes.

Pero todo no está dicho...HORROR DE HORRORES!!!!!.... madres que en realidad no les creen a sus hijos. Que justifican esas acusaciones argumentando que el niño nunca ha querido a su padre o padrastro y que por tanto inventaría cualquier canallada con tal de alejarlo de él y de su familia.

Estos abusos incestuosos los esconde la propia víctima o su grupo familiar por vergüenza y también por temor a represalias del agresor o a estigmatizaciones sociales incluso entre parientes.

Secretos familiares. Esqueletos en el armario que nadie se atreve a sacar de su escondite para ventilar sus huesos o darles cristiana sepultura.

Todo ésto me parece REPUGNANTE. No lo entiendo, como me sucede con muchas otras conductas humanas.

Ser psicóloga no me sirve de a mucho para entender. Menos aún para justificar.
Cualquier explicación, aún a la luz de las teorías psicológicas más científicas, no me satisfacen, No me dan claridad. Solamente exacerban mis sentimientos de repudio y de repugnancia.

Y no sucede solamente en los estratos socio-económicos bajos. La perversión y la ignominia, el abuso a menores también se pasean a alto nivel.

Hace algunos meses un reconocido empresario (78 años) de una ciudad en la costa caribeña colombiana fue apresado acusado de abusar de uno de sus nietos.

Y el más reciente caso del cual hemos tenido noticias es el de una mujer que descubrió por azar en el teléfono móvil que había olvidado en casa su pareja actual, un video de él cometiendo actos de abuso sexual con su hijastra de 2 años.

Cualquier pena es poca para estos monstruos asquerosos, ladrones de niñez y de inocencias.

De los monstruos del celuloide a los de carne y hueso (#1)

Qué mecanismo se acciona o precisamente NO se acciona en ese ser humano que se permite, que obvia, que se salta y desconoce esas barreras y límites que normalmente impiden lastimar de cualquier manera y en este caso que me ocupa: sexualmente, a un niño sea un desconocido o peor aún, a su propio hijo, hermano, sobrino, nieto, etc etc?

Qué es lo que permite que se rompa el tabú del incesto?

Esos límites los marcan las reglas sociales (y aún las espirituales) de cada comunidad. Transgredirlas es castigado por la justicia y hace al victimario objeto de repudio mientras llena de vergüenza y de traumas a las víctimas.

Bien es cierto que ha habido épocas y grupos humanos donde ciertas prácticas incestuosas eran permitidas e incluso promovidas.

Pero bueno, me estoy yendo por las ramas. No es el tabú del incesto el tema central de este post sino las agresiones sexuales de las que son victimas seres en estado de indefensión, como son los niños.
Aunque viéndolo bien también el incesto es un elemento a considerar en este tema, aunque sea tangencialmente.

Yo soy la auténtica hijita de papá, a mi edad digo y sostengo que el hombre que más me ha amado y me ha hecho sentir profunda e incondicionalmente amada cada día de mi vida, es mi padre.

Teniendo en cuenta mi afirmación anterior, no me caben en la cabeza manoseos, miradas morbosas, comentarios de tipo sexual o intentos de acceso carnal por su parte.

Crecí rodeada de nueve hermanos hombres y mis padres siempre estuvieron pendientes de que no hubiera lugar a irrespetos o conductas mal interpretadas entre nosotros 10.

La sola idea de que alguna de las personas con quienes crecí como hermana e hija me hubieran violentado de alguna manera me trastorna.

Este post no es un breve tratado psicológico sobre el tema respecto al cual hay mucha tela qué cortar.

Son reflexiones, preguntas, inquietudes que se me ocurren como bien pueden ocurrírseles a cualquiera de ustedes.

He estado leyendo en la red y viendo videos en Youtube sobre casos de niños adoptados (generalmente  por padres de otros países diferente al propio) que vuelven a su lugar de origen buscando sus raíces biológicas.
Aunque la mayoría manifiesta que han sido amorosamente criados por sus padres de adopción, que han tenido infancias y adolescencias maravillosas, no falta quien reporte historias de abusos sexuales en su grupo familiar original y/o en sus familias adoptivas.

Insisto en que formas de abusar de otro ser humano hay muchas pero las que más me confrontan y me estremecen son las de carácter sexual.

Lo ocurrido a la hija del llamado Monstruo de Amstetten es una historia de terror. Y como ése hay miles de casos que me dolería traerlos a colación y a ustedes leerlos.

Pero no pasa solamente por allá lejos, en los confines más remotos del planeta y allende los mares.

También pasa en mi país y con más frecuencia de la que desearíamos.

Bebés (si, leyeron bien: BEBÉS de apenas pocos meses de nacidos o rondando su primer año de vida) que mueren con sus anos y vaginas desgarradas.

Niñas abusadas desde su más tierna infancia hasta su adolescencia o adultez temprana que han sido embarazadas por su propio padre o algún pariente muy pero muy cercano. Y que han callado por temor y vergüenza.


domingo, 12 de junio de 2016

De Godzilla y mi monstruosa ignorancia

Monstruosa no por lo monumental (o será que si?) sino porque se refiere a mi nulo conocimiento sobre los monstruos que en el mundo del celuloide son y han sido.

Hoy es domingo. Y domingo de películas añejas para ser más precisos.

Esta en especial es  nueva para mí pero no para el míster que cuando una película le gusta, le gusta tanto que la puede repetir hasta tres veces, sobre todo si hay efectos especiales que dejan con la boca abierta y llena de babas al Niño que lleva dentro de si. (Luego les cuento de La Momia –la odio!- y de las de Indiana Jones, que si me gustan aunque sean la repetición de la repetidera en esta pantalla de televisión)


Hoy tocó Godzilla y los mutos, seres horripilantes que en su pelea destruyen medio San Francisco mientras el valiente  Teniente Brody corre por las calles llenas de escombros.

 Los rascacielos se desploman y caen sobre los que van adelante, atrás, a los lados de nuestro héroe y todos  mueren por aplastamiento. Menos nuestro Teniente Brody, por supuesto, a quien solo se le llena de polvo el casco, el uniforme, las botas y su armamento.

Sobrevive a un ataque de Godzilla,  a un tren militar que lleva dos ojivas para destruir a los monstruos. Cae desde no se cuántos mts de altura y es el único sobreviviente. No se le oye ni un AY cuando se levanta.

Sale de ésa sin heridas, solamente con la cara llena de barro. Más adelante, en medio de los más feroces combates contra la bestia, le vemos ( y eso porque le hacen un primer plano) una leve herida en el labio y casi al final de la cinta tiene algo así como un raspón en su bella y tersa mejilla pero yo creo que el actor se cortó afeitándose antes de llegar al set de grabación, el equipo de maquillaje no lo notó y los que editaron la película pasaron por alto el detalle.

En las postrimerías de la cinta, el Teniente Brody tiene un encuentro cara a cara con Godzilla con terrorífico grito de la bestia incluido. El monstruo acerca sus feroces mandíbulas a la cara de nuestro  héroe cinematográfico y justo cuando le va a mandar el mordisco, ambos establecen un profundo contacto visual.

Ante el magnetismo irresistible de los hermosos ojos claros del actor, la bestia desiste del ataque, renuncia a ese bocatto di cardinale y regresa a las profundidades del mar con destino desconocido e imprevisible.

Bueno, ni  tan desconocido ni tan imprevisible: en alguna próxima película (la continuación de ésta?) surgirá del fondo del lago Ness y llegará a nuestras pantallas como Nessie; en la número 3  reencarnará como el Yeti, el abominable hombre de las nieves que sienta sus reales en las regiones boscosas de la cordillera del Himalaya y en la cuarta (y última de la saga, esperemos) como Big Foot, de quien se rumora que es una criatura mitológica “que habitaría los bosques, principalmente en la región del noroeste del Pacífico en América del Norte.”

Pero no es falta de imaginación de guionistas, realizadores y productores … No, no. Es que con lo que debe haber costado el robot hay que aprovecharlo, exprimirlo y sacarle todo el jugo posible, que en los tiempos que corren y con lo de la crisis económica, nadie, ni siquiera la industria cinematográfica hollywoodense, está para desperdicios.

El míster goza como un niño en las películas donde haya efectos especiales, estallidos de bombas, persecuciones en auto, jabs directos a la mandíbula, patadas voladoras, duelos de sables y super héroes así no lleven capa ni antifaz.

Esas no son mis preferencias exactamente pero en mi calidad de esposa sumisa, obediente, complaciente, hago el esfuerzo de acompañarlo…mientras me quedo adormilada en el sofá o en la cama y vuelvo a despertarme justo cuando están dando los créditos de la película.

Con decirles que yo pensaba que Godzilla era el mismo King Kong y el míster no sale del asombro ante mi ignorancia en materia de monstruos.
- ” Pero cómo se te ocurre que puedan serlo si uno es un dinosaurio mutante y el otro es un gorila gigantesco... aparte de que cinematográficamente son enemigos (no se pueden ver ni en pintura película)?”

A ver, a ver, Monsieur Míster, pongamos las cosas en claro: estoy obligada a saberlo?  
Si por allá en el Reino de Bélgica  usté creció entre monstruos y todo ese tipo de bestias horripilantes yo, acá en la República de Colombia,  lo hice entre hadas, duendes, gnomos y otras criaturas menudas del  Reino de la fantasía.

Pregúnteme más vale y con toda confianza sobre crianza de niñas, elaboración de sopas criollas y cremas de verduras y hortalizas,  los mejores productos de limpieza para el hogar, ahí sí que le doy pie con bola y se va a sentir orgullosísimo de mí.

A lo largo de este caluroso día de eterno verano tropical me ha preguntado ya dos veces con expresión de niño asombrado e incrédulo :
-  “ De verdad-verdad creías que Godzilla y King Kong eran la misma persona  el mismo monstruo?” (mostro, decían mis Grandes Duquesas cuando eran apenas unas pequeñas Grandes Duquesas).

 Me parte el alma decirle que SI, que creía que uno y otro eran lo mismo. Pero es que en este tema no caben las mentiras piadosas…aunque haya que destrozarle el corazón y la fantasía a un Niño Interior.

El Niño Interior del míster se resiste a creer que haya un solo ser humano sobre este planeta Tierra que haya pensado por un segundo siquiera, que ambos “mostros” fueran uno solo y que lo que más me haya gustado de la película no fueran los efectos especiales sino el Teniente Brody con quien me deleité más que con Godzilla. Pero por favor!!!! Es que no hay ni término de comparación entre ambos.

Menos mal no se me ocurrió decir  que yo creía  que Godzilla era un navegador gratuito….ah, no, es Mozilla! Tendré que esmerarme un poquito más en el tema.

Podría darse el caso de que fuese  la ignorancia supina una monstruosa causal de divorcio?
 El míster tiene la palabra





Aaron Taylor-johnson, un actor británico que a presente anda por la tierna edad de 26 años, personifica al valiente e indestructible Teniente Brody



viernes, 3 de junio de 2016

Por si me exigen una explicación....


A mis lectores/as (si es que por la gracia de Dios Todopoderoso aún me queda alguno/a. Quizá cualquier despistado/a que ni cuenta se ha dado de que llevo casi dos meses y medio “ignorando” mensajes, saludos y demás por blogs y cuanta red social se ha inventado tecnológicamente)

Esta nota/comunicado/manifiesto es una explicación somera y concreta de las razones por las cuales he estado ausente en blogs, Facebook, WhatsApp y correo electrónico personal y muy especialmente una excusa a mis no-respuestas a las felicitaciones que recibí en su momento con motivo de mi cumpleaños, la mayoría de las cuales apenas estoy leyendo desde el fin de semana pasado.

“Que como fue, señora? Como son las cosas cuando son del alma”…bueno, de los virus en este caso que me/nos ocupa.

Desde el 14 de Marzo hasta hace dos o tres días tuve unos días muy complicados a nivel de salud.
Todo empezó supuestamente con un virus. Cual virus? Ahí si como decimos los colombianos: “Averígüelo Vargas”. Pa’ saber cual fue el hijo de su pinche madre cuya picadura me gané en una lotería que no recuerdo haber comprado. Alguno de esos miles que andan por estos caminos del Señor jodiéndole la vida a los humanos.

Este virus NN “mutó/derivó/se transmutó” (los términos son míos) en un también supuesto episodio bien serio de gastritis.

Alarma general en el clan!!! El grupo médico familiar (compuesto por uno de mis hermanos, 4 sobrinos de sangre y dos sobrinos políticos) se puso en pie de guerra y entró en modo “código azul”.
Citas con especialistas (primero en diabetes y posteriormente en psiquiatría) fueron y vinieron.

Se comenzó el ataque contra el enemigo oculto haciendo un cambio total de casi todos mis medicamentos habituales pues la primera hipótesis fue un conflicto armado entre ellos al cabo de los años de estar actuando juntos. Pero el resultado fue solo una ligerísima y muy sutil variación en los síntomas de la paciente.

Seguían las angustias (nunca sentí ardor ni dolor epigástrico) sino una sensación de hondo vacío en el pecho, inquietud y como dicen por ahí “ni aquí ni allá”. “Ni contigo ni sin ti”. “Ni chicha ni limoná”. No me hallaba, no me encontraba. Solo quien lo ha padecido puede entenderlo.

Antes de pasar por Psiquiatría (porque el diagnóstico ya se estaba perfilando y asomando la nariz) hubo Endoscopia y Ecografía abdominal de por medio. Cuanto médico me veía se ensañaba palpándome inmisericordemente el vientre en busca de masas o puntos dolorosos. Pero nada. Por ahí no era la cosa. Aunque hundieran los dedos como si estuvieran amasando pan.

La Endoscopia digestiva pone de manifiesto una gastritis erosiva, reflujo y una nada amigable colonia de Helicobacter Pylori cuyos días están ya contados tan pronto me restablezca.

Ante el resultado se organiza el ataque frontal y sin compasión contra la bacteria. Gana la bacteria pues como yo estaba totalmente inapetente no tenía el estómago lo suficientemente fuerte y protegido como para soportar el tratamiento a pesar del esomeprazol diario.

Lo poco y casi nada que yo consumía era para garantizar mi supervivencia en este planeta y no terminar esta encarnación antes de lo pactado.

El tratamiento de dos semanas con dos antibióticos simultáneos muy fuertes fue abortado el primer día pues por las razones anteriormente expuestas los medicamentos me cayeron como tres patadas en el hígado.

Y la que escribe pierda que pierda peso (5 kilos aun no recuperados a pesar de que ahora si estoy comiendo normalmente).

Por otra parte, la ecografía de abdomen sale normal. “Nada por aquí, nada por allá”.
Los exámenes de Química sanguínea y Tiroides no arrojan tampoco ningún dato preocupante.

Pero ya el conejo empieza a asomar la punta de sus orejas en la chistera del mago y entonces la muy respetable junta médica familiar decide remitirme a Psiquiatría. Parece que mi ansiedad era ya evidente y que las sensaciones a nivel supuestamente gástrico no eran tales.

Asi que, mijita linda, de cabeza pa’ donde el psiquiatra. Yo estoy segura de que el médico nada más invitarme a seguir a su consultorio me formuló mentalmente. De hecho fue una cita muy corta para lo cara que me costó.

De allí salgo recetada con un ansiolítico en su dosis más baja (“Como para un bebé", dijo su eminencia). Funcionó como 3 dias. Breve: ya me han subido la dosis dos veces. Vuelven las crisis de moridera. Las adorno con lágrimas por cualquier y ningún motivo. Hasta por ver orinar un perro, como dice una cuñada.

Nuevamente donde el psiquiatra, quien me receta otro medicamento adicional también en su dosis más mínima y que hasta ahora me ha funcionado de maravilla en alianza con el ansiolítico.

Muy reconfortante y alentadora la recomendación del médico “Ni se le ocurra ponerse a investigar en Google sobre este medicamento ni sacarle información a los médicos de su familia (amigos de él, valga la aclaración)… yo mismo le cuento que esta droga en cantidades infinitamente superiores a la que ud va a consumir,es un antipsicótico”. Madre de Dios!! Virgencita del Carmen!!! Menos mal que tenía encima mi dosis de ansiolítico que sino….


Se supone que ambos medicamentos son provisionales. De igual manera tanto el grupo médico-familiar como yo nos encargaremos de que así sea llegado el momento.

El segundo medicamento me puso a dormir casi un día entero con la primera dosis pero ya me la rebajaron a la mitad y hasta ahora voy bien. Me siento mejor, cada vez menos adormilada, sin crisis de ansiedad ni de gastritis, animosa, ya me siento más parecida a mí misma, tengo mejor apetito…ahhhhh, que la vie est belle!!!!!

Ironías de la vida: anoche fue la primera vez en mi vida que me subí en una balanza y me bajé tremendamente desilusionada porque no había ganado ni siquiera medio kilo a pesar de que ya estoy comiendo digamos que normalmente.
Y luego nos quejamos porque los hombres dicen que nadie nos entiende!!!!

Como entenderán después de leer este dizque breve, somero y concreto informe, no tenía ganas de nada. Dormía mucho, cepillarme los dientes me dejaba agotada y de muerte lenta, no leía, no veía televisión (de todas maneras casi nunca veo),no escribía ni para firmar mis formulas médicas (le pedía a mi acompañante que lo hiciera por mi), me daba pereza tener conversaciones largas por celular o personalmente.

Me impresiona cuando me dicen que ahora ya estoy más parecida a la que habitualmente soy y me espanta que me digan que me había cambiado la mirada. Que la tenía como perdida pero ahí si ya me parece que fantasean, yo jamás me vi así (me hacen sentir que tenía los ojos como los de Condorito cuando se le ha corrido la teja en las historietas).

No se cuánto dure el tratamiento, por ahora lo que me importa es que me dure la mejoría toda la vida.

Fue triste tener acá en casa a mi hija Nathalie, mi Gran Duquesa Mayor, durante un mes y no haber podido llevar a cabo todos los planes que Serge y yo teníamos con ella. Menos mal y por la gracia infinita de Dios, tengo una familia más numerosa de lo habitual y a mi hija le faltaron días en su mes de vacaciones para aceptar todas las visitas, paseos y toda clase de atenciones que le brindaron sus tíos y primos.

Y eso es todo. Los que se fueron, por favor vuelvan.