A mis lectores/as (si es que por la gracia de Dios Todopoderoso aún me queda alguno/a. Quizá cualquier despistado/a que ni cuenta se ha dado de que llevo casi dos meses y medio “ignorando” mensajes, saludos y demás por blogs y cuanta red social se ha inventado tecnológicamente)
Esta nota/comunicado/manifiesto es una explicación somera y concreta de las razones por las cuales he estado ausente en blogs, Facebook, WhatsApp y correo electrónico personal y muy especialmente una excusa a mis no-respuestas a las felicitaciones que recibí en su momento con motivo de mi cumpleaños, la mayoría de las cuales apenas estoy leyendo desde el fin de semana pasado.
“Que como fue, señora? Como son las cosas cuando son del alma”…bueno, de los virus en este caso que me/nos ocupa.
Desde el 14 de Marzo hasta hace dos o tres días tuve unos días muy complicados a nivel de salud.
Todo empezó supuestamente con un virus. Cual virus? Ahí si como decimos los colombianos: “Averígüelo Vargas”. Pa’ saber cual fue el hijo de su pinche madre cuya picadura me gané en una lotería que no recuerdo haber comprado. Alguno de esos miles que andan por estos caminos del Señor jodiéndole la vida a los humanos.
Este virus NN “mutó/derivó/se transmutó” (los términos son míos) en un también supuesto episodio bien serio de gastritis.
Alarma general en el clan!!! El grupo médico familiar (compuesto por uno de mis hermanos, 4 sobrinos de sangre y dos sobrinos políticos) se puso en pie de guerra y entró en modo “código azul”.
Citas con especialistas (primero en diabetes y posteriormente en psiquiatría) fueron y vinieron.
Se comenzó el ataque contra el enemigo oculto haciendo un cambio total de casi todos mis medicamentos habituales pues la primera hipótesis fue un conflicto armado entre ellos al cabo de los años de estar actuando juntos. Pero el resultado fue solo una ligerísima y muy sutil variación en los síntomas de la paciente.
Seguían las angustias (nunca sentí ardor ni dolor epigástrico) sino una sensación de hondo vacío en el pecho, inquietud y como dicen por ahí “ni aquí ni allá”. “Ni contigo ni sin ti”. “Ni chicha ni limoná”. No me hallaba, no me encontraba. Solo quien lo ha padecido puede entenderlo.
Antes de pasar por Psiquiatría (porque el diagnóstico ya se estaba perfilando y asomando la nariz) hubo Endoscopia y Ecografía abdominal de por medio. Cuanto médico me veía se ensañaba palpándome inmisericordemente el vientre en busca de masas o puntos dolorosos. Pero nada. Por ahí no era la cosa. Aunque hundieran los dedos como si estuvieran amasando pan.
La Endoscopia digestiva pone de manifiesto una gastritis erosiva, reflujo y una nada amigable colonia de Helicobacter Pylori cuyos días están ya contados tan pronto me restablezca.
Ante el resultado se organiza el ataque frontal y sin compasión contra la bacteria. Gana la bacteria pues como yo estaba totalmente inapetente no tenía el estómago lo suficientemente fuerte y protegido como para soportar el tratamiento a pesar del esomeprazol diario.
Lo poco y casi nada que yo consumía era para garantizar mi supervivencia en este planeta y no terminar esta encarnación antes de lo pactado.
El tratamiento de dos semanas con dos antibióticos simultáneos muy fuertes fue abortado el primer día pues por las razones anteriormente expuestas los medicamentos me cayeron como tres patadas en el hígado.
Y la que escribe pierda que pierda peso (5 kilos aun no recuperados a pesar de que ahora si estoy comiendo normalmente).
Por otra parte, la ecografía de abdomen sale normal. “Nada por aquí, nada por allá”.
Los exámenes de Química sanguínea y Tiroides no arrojan tampoco ningún dato preocupante.
Pero ya el conejo empieza a asomar la punta de sus orejas en la chistera del mago y entonces la muy respetable junta médica familiar decide remitirme a Psiquiatría. Parece que mi ansiedad era ya evidente y que las sensaciones a nivel supuestamente gástrico no eran tales.
Asi que, mijita linda, de cabeza pa’ donde el psiquiatra. Yo estoy segura de que el médico nada más invitarme a seguir a su consultorio me formuló mentalmente. De hecho fue una cita muy corta para lo cara que me costó.
De allí salgo recetada con un ansiolítico en su dosis más baja (“Como para un bebé", dijo su eminencia). Funcionó como 3 dias. Breve: ya me han subido la dosis dos veces. Vuelven las crisis de moridera. Las adorno con lágrimas por cualquier y ningún motivo. Hasta por ver orinar un perro, como dice una cuñada.
Nuevamente donde el psiquiatra, quien me receta otro medicamento adicional también en su dosis más mínima y que hasta ahora me ha funcionado de maravilla en alianza con el ansiolítico.
Muy reconfortante y alentadora la recomendación del médico “Ni se le ocurra ponerse a investigar en Google sobre este medicamento ni sacarle información a los médicos de su familia (amigos de él, valga la aclaración)… yo mismo le cuento que esta droga en cantidades infinitamente superiores a la que ud va a consumir,es un antipsicótico”. Madre de Dios!! Virgencita del Carmen!!! Menos mal que tenía encima mi dosis de ansiolítico que sino….
Se supone que ambos medicamentos son provisionales. De igual manera tanto el grupo médico-familiar como yo nos encargaremos de que así sea llegado el momento.
El segundo medicamento me puso a dormir casi un día entero con la primera dosis pero ya me la rebajaron a la mitad y hasta ahora voy bien. Me siento mejor, cada vez menos adormilada, sin crisis de ansiedad ni de gastritis, animosa, ya me siento más parecida a mí misma, tengo mejor apetito…ahhhhh, que la vie est belle!!!!!
Ironías de la vida: anoche fue la primera vez en mi vida que me subí en una balanza y me bajé tremendamente desilusionada porque no había ganado ni siquiera medio kilo a pesar de que ya estoy comiendo digamos que normalmente.
Y luego nos quejamos porque los hombres dicen que nadie nos entiende!!!!
Como entenderán después de leer este dizque breve, somero y concreto informe, no tenía ganas de nada. Dormía mucho, cepillarme los dientes me dejaba agotada y de muerte lenta, no leía, no veía televisión (de todas maneras casi nunca veo),no escribía ni para firmar mis formulas médicas (le pedía a mi acompañante que lo hiciera por mi), me daba pereza tener conversaciones largas por celular o personalmente.
Me impresiona cuando me dicen que ahora ya estoy más parecida a la que habitualmente soy y me espanta que me digan que me había cambiado la mirada. Que la tenía como perdida pero ahí si ya me parece que fantasean, yo jamás me vi así (me hacen sentir que tenía los ojos como los de Condorito cuando se le ha corrido la teja en las historietas).
No se cuánto dure el tratamiento, por ahora lo que me importa es que me dure la mejoría toda la vida.
Fue triste tener acá en casa a mi hija Nathalie, mi Gran Duquesa Mayor, durante un mes y no haber podido llevar a cabo todos los planes que Serge y yo teníamos con ella. Menos mal y por la gracia infinita de Dios, tengo una familia más numerosa de lo habitual y a mi hija le faltaron días en su mes de vacaciones para aceptar todas las visitas, paseos y toda clase de atenciones que le brindaron sus tíos y primos.
Y eso es todo. Los que se fueron, por favor vuelvan.