... o mejor dicho OJALA ESTUVIÉRAMOS SOLOS!!!!!!
Ya el asunto éste de las compañías no solicitadas y muy poco apreciadas tocó fondo.
Narración de los hechos: volvía Madreselva a casa a pie al finalizar la tarde (menos mal había aún mucha claridad. Dato importantísimo a tener en cuenta como ya se verá).
Inocente criatura, se sentía cual Caperucita Roja paseando por el bosque con su cestita llena de apetitosos pastelillos para su abuelita. Solo que éste no era un bosque propiamente dicho sino una carretera asfaltada por la que circulan solamente los autos de quienes habitan en este condominio. Y los que habitan el condominio, por supuesto.
Por esta vía (llamada “Avenida de los mangos”)
caminaba desprevenidamente Madreselva, aspirando el aire puro del campo, y mirando con hambre y codicia los mangos maduros que la tentaban desde las altas ramas de los árboles.
( queda claro por qué se llama Avenida de los mangos??)
Madreselva iba sumida en profundas reflexiones (“Por qué me seguirá doliendo el dedo meñique del pie derecho si ya han pasado como cinco semanas desde que me lo lastimé? No es hora de que esté curado?”) y dedicada a interesantes monólogos internos con ella misma, derivados de sus últimas lecturas (informes de exámenes psiquiátricos realizados a los principales jerarcas nazis, en espera de ser juzgados en Nüremberg) (“A pesar de todos los exámenes psicotécnicos, especialmente el Test de Rorschach, los psiquiatras no encontraron ni un solo elemento determinante que fuera común a todas esas mentes retorcidas y que justificara sus actos de maldad… Y entonces? Dónde está el enigma?”)
Estos brillantes análisis profesionales de alto turmequé se vieron interrumpidos por un movimiento inusitado en plena carretera, a pocos metros de su casa… Madreselva, horrorizada, paralizada por el miedo, vió materializada la más terrorífica de sus fobias: una serpiente verde, delgada, que atravesaba velozmente la carretera de una orilla (habitada) a otra (un terreno baldío). Repito: A POCOS METROS DE SU CASA.
La fobia reptaba velozmente zigzagueando y eso es lo que más impresiona a Madreselva: un animal sin patas que se desplaza no sabe cómo, un bicho rastrero capaz de llevarla a los más altos grados de pánico. Y eso que la culebra ni se dignó mirarla, gracias a Dios.
Madreselva, muda y con la piel completamente erizada logra llegar a su casa, en cuyo porche encuentra a la mayoría de sus hermanos en visita familiar. No musita palabra pero al final, ante la insistencia de los presentes, logra narrar con monosílabos lo que estuvo a milímetros de provocarle un desmayo en plena vía.
Claro, los muy guapetones pretenden destruir en segundos una fobia que a Madreselva le ha costado toda una vida construir:
- “Era verde? No hacen nada, son inofensivas” (“Me importa un cuerno que sean inofensivas, para mi miedo no hay serpientes inofensivas; todas, absolutamente todas son mis enemigas más acérrimas no me interesa si son verdes, plateadas, doradas o con los colores del arco iris. NO LAS SOPORTO Y YA!!!”)
- “Si vos no las atacás, ellas no te atacan” (“Atacarlas yo? Ni se me ocurre!!!! Para que ese bicho detestable me responda? NO LAS SOPORTO Y YA!”)
- “Viste que ni te miró? No le importaste” (“Pero ellas si me importan a mi lo suficiente como para desear no tenerlas cerca ni verlas ni resistir que se atraviesen en mi camino. DIJE QUE NO LAS SOPORTO Y YA!!!!! Respeten mi fobia, carajo, como yo respeto las de ustedes!!!!!!”)
Empiezan entonces ciertas confesiones que se me habían ocultado celosamente: “una vez que vinimos a inspeccionar la construcción de esta casa, encontramos una culebra grande en el baño social” (o baño de las visitas, que le llaman). Claro que en ese entonces no habían instalado las puertas ni las ventanas, el jardín trasero era todavía un matorral salvaje, pero igual tomé ipso facto la decisión de que a ese baño no entraría nunca jamás en mi vida, sobre todo teniendo cerca el de mi cuarto. Aprieto esfínteres hasta que llegue a mi dormitorio. Y que sea lo que Dios quiera en ese tortuoso camino a hacer aguas mayores o menores.
El míster, tan "querido", tan "adorable" él, completa la narración diciendo que en días pasados vió una serpiente roja atravesando el jardín trasero (todavía sin césped) que fue a esconderse en otro terreno baldío que limita con el nuestro y al cual suelo llevar nuestra perra para que estire un poco las patas fuera de casa.
Sacan a colación que la enfermera que viene tiempo parcial a ocuparse de mi papá (sin que él lo necesite mucho realmente) se encontró en días pasados con otra serpiente atravesando la misma carretera pero en otro punto y que la fotografió con su celular pero que hubo conciliábulo familiar para solicitarle a la susodicha que de éso ni una sola palabra delante mío y menos mostrarme la prueba reina fotográfica. Ella no vió lo que vió. Punto.
Resulta que ahora todo el mundo o casi todo el mundo, ha visto reptiles merodeando por estos lados y se han quedado calladitos dizque para que yo no me paniquee.
Tengo los ojos como platos, la piel se me ha puesto de gallina, estoy sentada pero siento que se me aflojan las piernas, odio las buenas intenciones de quienes me ocultaron todos estos encuentros del primer tipo.
No falta quien las justifique diciendo lo mismo de siempre:
- “Son inofensivas, no hacen nada, sirven para controlar ciertas plagas (Ah; si? Como cuáles, por ejemplo? Y dale con lo de inofensivas!!!!) “.
- “Las rojas son falsas corales” (pues ni crean que me voy a detener a contemplarlas detalladamente para identificar si son falsas o verdaderas, para mi culebra es culebra, ya les dije).
- “Los humanos somos más peligrosos para ellas que ellas para nosotros, huyen cuando nos ven o nos sienten” (y si alguna se equivoca de camino y presa de un ataque de pánico huye en dirección a mi?)
- “Son inofensivas, no hacen nada, sirven para controlar ciertas plagas (Ah; si? Como cuáles, por ejemplo? Y dale con lo de inofensivas!!!!) “.
- “Las rojas son falsas corales” (pues ni crean que me voy a detener a contemplarlas detalladamente para identificar si son falsas o verdaderas, para mi culebra es culebra, ya les dije).
- “Los humanos somos más peligrosos para ellas que ellas para nosotros, huyen cuando nos ven o nos sienten” (y si alguna se equivoca de camino y presa de un ataque de pánico huye en dirección a mi?)
Vean pues, lo único que me faltaba: mi propia familia, sangre de mi sangre, defendiendo a esos bichos y haciéndoles buena propaganda conmigo ignorando por completo mi aversión.
Entiéndanlo, por favor, se los ruego: esos animalejos nunca serán de mis afectos, no insistan, mi psiquis no dará nunca su brazo a torcer y siempre protegerá mi fobia a capa y espada.


