No me gusta el mar. Es muy salado, me irrita los ojos, me
deja el pelo pegajoso. En algunos sitios es traicionero: cuando uno menos se da
cuenta ya las olas, suave y disimuladamente, lo han llevado bien lejos de la
playa. Si hay corrientes ocultas, te arrastran mar adentro y chao candao, si te
vi no me acuerdo. Lost. Uno más en la Twilight Zone.
Dicen que al mar “hay que tenerle respeto”. Yo no le tengo
respeto, lo que le tengo es mucho miedo. Pánico. Pavor. Mi peor pesadilla es
ser víctima de un naufragio. Quedar días y días a la deriva, sola, con la piel
despellejada por el sol y la sal (linda pareja!!!!), muerta de sed y sin
embargo con todo un océano a disposición, con el pelo vuelto una miseria. Presa
de la angustia porque se que mi final no va a ser otro que el ahogamiento por
más que nade, me aferre a algún improvisado elemento salvavidas, por más que
otee el horizonte buscando (inútilmente) la presencia salvadora de un barco, un
avión o cualquier esperanza de “Tierra a la vista!!!!!”
En algún momento vendrá un animal marino, posiblemente un
tiburón de largos y afilados dientes, de mandíbula poderosa, que de un solo mordisco
me arrebatará la vida y por tanto las esperanzas de sobrevivir.
Ni modos de quedarme tranquilita en la playa, llena de
protector solar. La arena me fastidia, me da piquiña, más si se pega a la película
aceitosa de bronceadores y protectores solares.
Se dieron cuenta de que no me gusta el mar, verdad? O lo
explico otro poquito? Les cuento más?
Pero si me gusta el agua, me encanta. Los ríos son las venas
del planeta, el agua es su sangre. No hay nada que me tranquilice más que el
sonido del agua brincando entre las piedras o cayendo en forma de cataratas de
poca, mediana o mucha altura. Agua dulce. Agua fresca.
Sin embargo, no hay río, ni riachuelo, ni arroyo, por más
cantarinos que sean, que me hagan sentir tan feliz como los lagos.
Hoy, mi retiro virtual, mi casita tipo Heidi de los Alpes queda a orillas de un lago apacible, de aguas color azul
turquesa sobre las que se cierne la neblina al anochecer o cuya superficie resplandece con los primeros rayos del sol al despuntar en el horizonte.
Mejor lo dejo aquí. Si mis hijas, las Grandes Duquesas de
mis amores, me leyeran seguro que me preguntarían a coro y con sonido estéreo: “Ma, dormiste bien noche? Te cayó mal el almuerzo?”



Que fotos más hermosas!! Yo también odio la arena que se pega toda, cuando veo gente "empanarse" me da mucho asco. La sal del mar es bastante molesta, la piel queda como tirante y arde. Las casa de las fotos son de ensueño. Besos!
ResponderEliminarSi!!!! Vale la pena gastar domingos e imaginación con semejantes paisajes, verdad?
EliminarPor lo de la playa y el mar... como casi todo el mundo se muere por ese tipo de vacaciones pensé que la única "anormal" era yo.
:D :D :D :D
Abracitos
Mi marido y yo somos dos "anormales" más a tu lista. Ambos odiamos la arena, la playa nos gusta pero ni bien nos bañamos en el mar corremos a enjuagarnos la sal a las duchas o nos llevamos agua dulce para enguajar, no soporto la piel con sal mucho tiempo, me duele, pica, arde y ni hablar de ponerme ropa encima!
EliminarMi marido dice que la playa ideal sería de césped. Ya ves hay más "loquitos" por el mundo jajajjaja