martes, 21 de junio de 2016

De los monstruos del celuloide a los de carne y hueso (#1)

Qué mecanismo se acciona o precisamente NO se acciona en ese ser humano que se permite, que obvia, que se salta y desconoce esas barreras y límites que normalmente impiden lastimar de cualquier manera y en este caso que me ocupa: sexualmente, a un niño sea un desconocido o peor aún, a su propio hijo, hermano, sobrino, nieto, etc etc?

Qué es lo que permite que se rompa el tabú del incesto?

Esos límites los marcan las reglas sociales (y aún las espirituales) de cada comunidad. Transgredirlas es castigado por la justicia y hace al victimario objeto de repudio mientras llena de vergüenza y de traumas a las víctimas.

Bien es cierto que ha habido épocas y grupos humanos donde ciertas prácticas incestuosas eran permitidas e incluso promovidas.

Pero bueno, me estoy yendo por las ramas. No es el tabú del incesto el tema central de este post sino las agresiones sexuales de las que son victimas seres en estado de indefensión, como son los niños.
Aunque viéndolo bien también el incesto es un elemento a considerar en este tema, aunque sea tangencialmente.

Yo soy la auténtica hijita de papá, a mi edad digo y sostengo que el hombre que más me ha amado y me ha hecho sentir profunda e incondicionalmente amada cada día de mi vida, es mi padre.

Teniendo en cuenta mi afirmación anterior, no me caben en la cabeza manoseos, miradas morbosas, comentarios de tipo sexual o intentos de acceso carnal por su parte.

Crecí rodeada de nueve hermanos hombres y mis padres siempre estuvieron pendientes de que no hubiera lugar a irrespetos o conductas mal interpretadas entre nosotros 10.

La sola idea de que alguna de las personas con quienes crecí como hermana e hija me hubieran violentado de alguna manera me trastorna.

Este post no es un breve tratado psicológico sobre el tema respecto al cual hay mucha tela qué cortar.

Son reflexiones, preguntas, inquietudes que se me ocurren como bien pueden ocurrírseles a cualquiera de ustedes.

He estado leyendo en la red y viendo videos en Youtube sobre casos de niños adoptados (generalmente  por padres de otros países diferente al propio) que vuelven a su lugar de origen buscando sus raíces biológicas.
Aunque la mayoría manifiesta que han sido amorosamente criados por sus padres de adopción, que han tenido infancias y adolescencias maravillosas, no falta quien reporte historias de abusos sexuales en su grupo familiar original y/o en sus familias adoptivas.

Insisto en que formas de abusar de otro ser humano hay muchas pero las que más me confrontan y me estremecen son las de carácter sexual.

Lo ocurrido a la hija del llamado Monstruo de Amstetten es una historia de terror. Y como ése hay miles de casos que me dolería traerlos a colación y a ustedes leerlos.

Pero no pasa solamente por allá lejos, en los confines más remotos del planeta y allende los mares.

También pasa en mi país y con más frecuencia de la que desearíamos.

Bebés (si, leyeron bien: BEBÉS de apenas pocos meses de nacidos o rondando su primer año de vida) que mueren con sus anos y vaginas desgarradas.

Niñas abusadas desde su más tierna infancia hasta su adolescencia o adultez temprana que han sido embarazadas por su propio padre o algún pariente muy pero muy cercano. Y que han callado por temor y vergüenza.


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