sábado, 31 de marzo de 2012

De profesión: animero

Se supone que cuando una persona muere, el alma tiene tres dias para hacer el tránsito de esta dimensión a la otra. Mejor dicho: hay un plazo limite para trastearse al otro lado.

Sin embargo, existen seres que no quieren abandonar este plano fisico y se quedan apegados a cualquier pertenencia, hechos o personas. Otros se quedan bloqueados. Quieren irse pero hay una energía que se los impide.

Dicen que puede ser el dolor y las lágrimas de los dolientes o la no aceptación de su muerte por parte de las personas que los quieren.

Hay seres que, en meditación, se dedican a la tarea de desbloquear estas almas, a hacerlas conscientes de su desencarnamiento, a guiarlas hacia el final del túnel para integrarse a la Luz porque dicen, también, que hay fallecidos que no se dan cuenta de que ya no están entre los vivos. O por lo menos, de que ya no están en esta dimensión fisica pues se supone que vivos si siguen estando pero en otro plano.

Ayer me enteré, por una emisión televisiva colombiana, de que existen animeros. Y nos presentaron uno, que vive en algun rincón de este extenso territorio patrio.

Nos cuenta el personaje en mención que su tarea es visitar el cementerio de noche portando un cirio encendido y haciendo sonar una campanita que lleva consigo para que todas las almas que aún vagan por este plano terrenal salgan de sus tumbas y se vayan en procesión detrás de él.

Se las lleva a dar una vuelta por el pueblo (no se para qué) y luego las acompaña de nuevo a su habitat. Todo éso en medio de padrenuestros para que estas almas errantes finalmente trasciendan y encuentren su camino a la Eternidad.

En el reportaje lo presentan con sus dos nietos, el mayor de los cuales no supera los 12 años y que manifiesta querer ser animero como su abuelo.

De hecho, los dos niños lo acompañan en sus recorridos nocturnos llevando también cirios encendidos y siguiendo a rajatabla la regla de oro del oficio: no mirar para atrás ni a los lados por ningun motivo so pena de caer fulminantemente muerto en el acto (recuerden que la curiosidad le costó a Sara quedar convertida en estatua de sal).

Mejor aguantarse las ganas de enterarse de todo y de averiguar de quienes son esos murmullos que los siguen por todo el camino.

Curiosa ocupación ésta de sacar las ánimas de sus tumbas para llevarlas a recorrer las calles oscuras y silenciosas del pueblo...quizá se trata del último paseo antes de despacharlas definitivamente para el otro lado.

Me parece que hay algo de medieval en el oficio voluntario de este moderno Caronte de a pie y con vestido de calle.

2 comentarios:

  1. Como profesion definitivamente suena muy tentador, aunque muy poco rentable y medio tenebrosa. Me gustaria saber como es que se sabe que se requiere de los servicios de los animeros. Yo por si las dudas dejare estipulado que por si si o por si no que contraten a uno de ellos para que me guie, y que al final le paguen y le paguen bien, faltaba mas. :) saldos.

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  2. Yo pienso que el animero tiene comunicación directa con sus almas paseadoras y que son ellas mismas quienes le contratan sus servicios.
    Pero el pago lo dan los piadosos habitantes del pueblo por cuyas calles pasa el tenebroso cortejo tarde en la noche.
    Los vecinos entreabren sus puertas o ventanas y sin ponerse de curiosos dan rápidamente su limosna al animero.
    Discrepamos en algo: si es una ocupación rentable...curiosa manera de ganarse la vida a costa del miedo ajeno!!! :D

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Gracias a quienes han pasado a visitarme en Mi Jardin Secreto para leerme y dejar sus huellitas