No todo puede ser fotografiado. Hay sitios, lugares, sucesos, personas, que se quedan en la retina y en el recuerdo. Que no aguantan el destello de un flash y ni siquiera el mejor ángulo en una captura fotográfica. Que son atrapados y fijados en la memoria, en la piel, por cualquiera de los cinco sentidos o por todos ellos juntos…
* Rue de Marseille.
Un suave sol de tarde otoñal se cuela por el ventanal del cuarto de una de mis hijas. A través de los vidrios y a lo lejos, noto cómo el viento típico de esta estación agita las ramas esqueléticas de los árboles casi desnudos de hojas.
De repente y salida de la nada, aparece una bandada de pájaros que se recorta contra el cielo todavía claro y sin nubes y que planea al ritmo de un viento caprichoso. Se diría golondrinas que inician un viaje migratorio tardío.
Cuando llegan muy cerca de la ventana, descubro que son hojas secas que el viento ha levantado muy alto y que ahora dispersa sin orden ni concierto por todas partes.
* Place Carnot, domingo de mercado.
Lulú, una gata de abundante pelaje color mostaza, reposa perezosamente sobre uno de los hombros de su supuesta ama. Ella le habla en voz alta, le acaricia con infinita ternura la cabeza, el lomo, la cola, las patitas mientras Lulú sigue abandonada a su languidez.
Un olor nauseabundo las envuelve y nosotras pensamos que es la señora aunque ella va limpia y correctamente vestida a pesar del exagerado maquillaje azul de sus ojos y a su curioso peinado.
Cuando gata y ama están ya a prudente distancia de nosotras tres, notamos la cara rígida y desfigurada del animal…Lulú está muerta y ha empezado a descomponerse.
* Rue de la République, amplia calle peatonal donde tienen su sede las “boutiques” más caras de la ciudad.
Mediodía lluvioso de comienzos de Octubre. Bien protegida bajo mi paraguas de la molesta llovizna, recorro la calle admirando las vistosas vitrinas que exhiben con extremado buen gusto sus caras mercancías, principalmente ropa y zapatos para ambos sexos.
Delante de mí, tres colegialas no mayores de 13 años caminan a paso vivo enganchadas del brazo. De repente y haciendo caso omiso de las miradas divertidas y curiosas de los transeúntes, empiezan a cantar a pleno pulmón una canción de moda como si pasearan solas y fuera un dia de primavera o de verano.
* Pont de l’Université, sobre el Ródano, a una cuadra del apartamento de mis hijas. Un dia cualquiera al caer la tarde.
Detengo mi marcha apresurada y me apoyo en las balustradas del puente para disfrutar por millonésima vez, sin cansarme nunca, del Ródano a su paso por Lyon.
De los Alpes cercanos llega un viento helado que me alborota el cabello, riza y arruga las aguas del Ródano, sobre cuya superficie flotan, impávidos, cuatro cisnes y una enorme mancha compacta de hojas amarillentas.
Hermoso! hasta el retrato del gato, tiene ese toque sublime, lo sublime es lo que nos horroriza, lo que nos hace estruendo dentro, lo que nos mueve, y ese mismo temblor, ese mismo asco, nos mantiene ahí, contemplando la hermosura de esa dualidad, de ese horror, que nos hace saber que la vida y el mundo son mágicos...
ResponderEliminarFíjate que muerta, descompuesta y todo, mis hijas y yo seguimos pensando en Lulú.
ResponderEliminarEllas han vuelto a ver a la señora deambulando por las calles de Lyon (no es una mendiga pero es evidente que está malita de la cabeza)ya sin su gata al hombro.