lunes, 17 de septiembre de 2012

Matando guayabo

(Este post fue escrito y publicado a principios del año pasado cuando mis dos hijas vinieron de visita. En esta ocasión vino solamente una, la menor, pero el sentir es el mismo. Seguirá siendo siempre el mismo después de cada visita de estas dos criaturas.)
 
 
"Guayabo" (aparte de un árbol y su fruto, muy común y apreciado en Colombia) es lo que en otros paises equivale a resaca y también entre nosotros, a despecho, a "tusa".

El guayabo es esa moridera que nos da al dia siguiente de haber empinado el codo más de la cuenta al calor de unos "guaros" o "guarilaques" (aguardiente de caña en este Valle del Cauca) o de cualquier liquido con algun grado de alcohol...como quien dice, cuando la consigna era: "mátame aguardiente, ya que el amor no pudo"

Pero el guayabo / tusa / despecho es ésa también moridera, que experimentamos cuando alguien nos abandona temporal o definitivamente, sin necesidad de haberse trasteado a otra dimensión. Porque cuando hay de por medio muerte / mudada al otro barrio, el asunto adquiere sicológicamente otros tintes que en este caso no vienen al caso, valga la redundancia.

Es decir, que en lenguaje autóctono y castizo, guayabo no es más que un duelo. Duelo expresado a la colombiana.

Y el mio tiene que ver con el regreso de mis hijas a Francia, que es actualmente el lugar de residencia y estudios universitarios de ambas.

O sea que, nuevamente, el padre y yo estamos "deshijados". Servirá de algo releer a Khalil Gibrán para matar el guayabo, para ganarle la partida a la nostalgia?

Lo cierto es que, como en todos los duelos que en el mundo (psíquico) han sido, superar el asunto parece que es pura cuestión de tiempo.

De pasarse las horas, vacías sin sus presencias, recordando los buenos momentos vividos durante este mes y medio (casi tres con Tatiana este año): las reuniones de mi numerosísima familia con el pretexto de recibirlas y despedirlas (aunque excusas para estar juntos nunca las hemos necesitado); los recorridos interminables y exhaustivos (para mi, porque ellas... encantadas!) por todos los centros comerciales de la ciudad; los programas de tv y las peliculas que veíamos abrazadas las tres en la cama (yo en el medio); las compras de última hora, que nunca faltan (mis hijas nunca acaban de comprar!); la hecha de las maletas tratando de que en medio de la ropa quepan todos los productos alimenticios nacionales tan caros a sus paladares ...para terminar con el pago de kilos de exceso de equipaje en el aeropuerto (más dos o tres que ellas se llevaron encima por cuenta de las atenciones maternas y familiares en torno al fogón).

...Y las lágrimas, mutuas e inevitables...la sensación tan dolorosa de que me arrancan las entrañas para llevárselas en un avión hasta el otro lado del Atlántico, a una hermosa ciudad gala a orillas del Ródano y del Saona....la incertidumbre de no saber cuándo podremos darnos el próximo abrazo físico, aqui o allá, porque de los virtuales nos mandamos a cada rato...

Es el precio que tengo que pagar (gustosamente, a pesar de todo) por dejarlas volar libremente en pos de sus sueños.

Nunca les cortaré las alas, como afortunadamente no me las cortaron mis padres a mi cuando fue el momento.

Hijitas de mi alma: las amooooooooooo!!!!!!!!!!!! Las amo y las extraño tánto!!!!!!
 
 
 
 Acá se queda la mamá, que es "un cachito de cielo que siempre las amará" 
 

3 comentarios:

  1. Madreselva, que bonito se deben sentir tus hijas de como te expressas de ellas, que bonita forma de expressar tus sentimientos, y lamentablemente el amor duele, pero ahh que bonito se siente :) abrazo solidario

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  2. Ayyyy!!!ya me puse a chillar!!! me hiciste recordar cuando me fui de mi casa a estudiar!!! no sali del pais!! pero era en otro estado de mi pais!!y estaba un poco lejos de casa!!ahhh!!! shif!! aun me acuerdo!!espero que pronto vuelvas abrazar a tus hijas otra vez!!

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  3. Madreselva!!! se siente igualito cuando dejo mi México despues de una visita. bendito Dios que mi madre me dejó ser y me animó a irme y buscar lo que quería, tal como tu lo has hecho con tus hijas. Tanto amor nunca pasa desapercibido!!! y se extraña mucho, pero como dices, es el tiempo el que nos hace sentir menos el dolor de la partida...

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Gracias a quienes han pasado a visitarme en Mi Jardin Secreto para leerme y dejar sus huellitas