jueves, 26 de enero de 2017

Mi romance con los libros...cuando eran de papel.


Cuando algún libro, nuevo o viejo, llega a mi poder, establezco con él un contacto sensorial antes de proceder a sumergirme entre sus páginas.

Acaricio sus tapas y la contextura de sus hojas. Lo abro y huelo su interior En los libros nuevos me encanta el olor a tinta casi fresca. Los viejos (hablo de libros) me producen estornudos pero no puedo resistirme al ritual, que en cualquiera de los dos casos me resulta placentero e imprescindible.

El siguiente paso es leer las primeras y las últimas líneas y dónde y cuándo fue impreso. La manera como empieza y finaliza la historia me da una idea acertada de lo que voy a encontrar entre el inicio y el final. Podría jactarme de que pocas veces me he equivocado al adelantarme a deliciosos intermedios.

Ahí empieza el ligue con el libro. Lo siguiente es gozar de todas esas palabras cosidas por el autor a punta de pluma o a golpe de teclado para ofrecernos una deliciosa aventura literaria.

(Lo de explorar el párrafo inicial y el final de los libros lo sigo haciendo aún con las versiones digitales de los mismos...pero sigo extrañando el olor a papel nuevo o viejo, a tinta fresca.

 Extraño el color amarillento de sus hojas y a veces las manchas marrones en los bordes de las páginas de los libros viejos que encontraba en las bibliotecas de mis mayores.

(Entre otros las obras de Miguel Zévaco y sus novelas de capa y espada.  Recuerdo con especial emoción su obra Nostradamus.)

1 comentario:

  1. No se me ocurriria leer el final antes de empezar un libro!!! prefiero la intriga..
    Los libros en papel tienen algo especial..
    buen finde

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Gracias a quienes han pasado a visitarme en Mi Jardin Secreto para leerme y dejar sus huellitas