Desde el pasado 6 de Septiembre Su Santidad, el Papa Francisco,
ha llegado a Colombia unas quinientas veces mal contadas en el mismo vuelo de Alitalia.
No se en sus países pero en el mio, cuando hay un evento de
esta u otra envergadura los telenoticieros repiten y repiten y repiten la misma
noticia. Será para que quedemos bien informados. (Y cansados!).
Lo cierto es que con las imágenes de la llegada del Santo Padre
nos despertamos, desayunamos, almorzamos, comemos, nos acostamos y nos dormimos. Y si estamos bien de malas pues hasta
soñamos.
Y que conste que el Papa Francisco me agrada. Por sencillo, por
humilde, por carismático, por su cercanía con el común de la gente, por su
voluntad pacificadora, por estar en contra de todo protocolo obsoleto (aun los
concernientes a su propia seguridad) y
sobre todo porque está tratando de modernizar la Iglesia en muchos aspectos. Ya
era hora de que tuviéramos un líder católico de la calidad de Su Santidad
Francisco. Yo digo que quizá en ese sentido, el Antipapa es él.
Católicos del mundo: HABEMUS PAPA.
Católicos del mundo: HABEMUS PAPA.
Claro que como personaje, Juan Pablo II no tiene reemplazo en mi corazón. Fue y seguirá siendo el Papa más cercano a mis afectos. Siento una admiración muy grande por él pero supongo que tiene que
ver también con mis simpatías por
Polonia y todos los polacos.
Dios guarde a nuestro Papa Francisco (regalo de Argentina para el mundo) durante muchísimos años,
hasta que logre cumplir con su misión como líder dentro de una Iglesia Católica anticuada y cavernícola que pide a gritos ser renovada y actualizada.
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