Paul C, el bisabuelo de mis hijas, era uno de los banqueros de Nicolas II, el último Zar de todas las Rusias.
Su esposa, Anastasia, más conocida en la historia de los C. como Babushka, era institutriz en una familia de la nobleza rusa.
Eso es lo que nos cuenta su nieto, que es mi esposo y el padre de mis dos niñas.
Estas criaturas, que nacieron irreverentes, irreverentes se criaron e irreverentes siguen siendo (dentro de los limites del respeto) todo el tiempo se han reído (nerviosamente, lo reconozco) de esta historia que, sin embargo, ellas siempre han adorado oír contar de boca de su padre y de su abuelo Nicolás (q.e.p.d.)
De unos años para acá y haciendo gala de esas ganas de sacarle gusto a la vida que siempre las han caracterizado han decidido, en divertida complicidad con la mamá, autoproclamarse como Grandes Duquesas.
Por esas cosas de la vida, que a veces todo lo permite, mis niñas amanecen un día siendo “mis dos mágicas princesas” y en otros se convierten sin mucho esfuerzo en “Nathalie (su abuelo ruso la llamaba Natasha) y Tatiana, Grandes Duquesas de… mi corazón”.
Amo con un amor inmenso, sin limites ni medida, incondicional, indescriptible, loco, a estas dos criaturas que siendo lindas por fuera son aún más hermosas por dentro y como (casi) todas las madres del mundo me he preguntado muchas veces cómo pude vivir (feliz) la mitad de mi vida sin ellas (aunque yo fuera niña o adolescente, en alguna dimensión desconocida estaba este par de espíritus maravillosos, únicos, esperando que los padres que ellos necesitaban y habían escogido para vivir esta nueva encarnación, estuvieran en edad reproductiva y se conocieran en un bar de estudiantes latinos en la ciudad universitaria de Louvain la Neuve (Bélgica).
Solo
llevó consigo unos billetes de la época y unos bonos de banco, que es la única
herencia material (más algunas fotografías) que reposa hoy en manos de mi
esposo y de mis hijas.
Estos
billetes y bonos fueron fotografiados por los profesores franceses de mis hijas
en el Liceo, para preguntar a especialistas en el tema el valor económico de
los mismos para colección y qué podía
hacerse con los bonos. Bueno, nadie da mucho dinero por los billetes y dicen
que los bonos obviamente no tienen más valor que el histórico. Y el familiar. O
sea que las mías, son unas Grandes
Duquesas sin riquezas materiales por el
lado de su bisabuelo ruso (ni del colombiano !)Pero volvamos a Paul C. que aparte de lo puesto y de estos billetes y bonos que menciono, salió huyendo con Babouchka y sus hijos Vera (4 años) y Nicolás (Andando el tiempo, este niño de 3 escasos años en el momento del exilio se convertiría en mi suegro. El cariño que nos tuvimos mutuamente merece post propio)
Allí el bisabuelo Paul fundó un banco que se fue directo a la quiebra en poco tiempo porque sirvió fue de caja menor para todos los rusos exiliados en Bélgica (o sea que hay por ahí deudores morosos con la familia C…. O a estas alturas del paseo, solamente descendientes de los mismos)
Vistas las penurias económicas, el otrora banquero Paul C. vióse obligado a trabajar de concierge (portero y demás) en un hotel de Bruselas. En ese oficio se desempeñó hasta el día en que le pudieron más sus antiguas florecientes circunstancias y las exorcizó ahorcándose.
Hasta aquí, en este punto trágico, llegan las ganas de reírse de las Grandes Duquesas y de su mamá, la Zarina Madreselva
Madreselva, que bendicion de historia!! y que placer me provoco leerla. No te pierdas tanto que se te extraña.
ResponderEliminarSaudos Zarina
Yo creo que esos billetes y los bonos son un gran tesoro :)
ResponderEliminarYo siempre he sido una persona bastante detallista (a veces un tanto obsesiva) pero ni todo el dinero del mundo, tendría tanto valor como uno de mis más grandes tesoros: "mis recuerdos"
Ni todo el oro pueden compararse con la carta que me dio mi amigo en la secundaria(del cual yo estaba enamorada) dónde me decía que si no quería ser su novia, y al cuál nunca más volví a ver porque se fue a EUA. O los regalos que me ha dado mi mejor amiga, o los boletos de los conciertos a los que he ido.
Y definitivamente, por nada del mundo cambiaría, los granos de arena, el corcho de la botella de vino, la piedra que lo representa a él,los boletos de bus con su nombre, las fotos y los videos, del que creo es el amor de mi vida :)
Así que creo que posees enormes tesoros :)
Muy interesante la historia del abuelo de las duquesas,no cabe duda que la realidad supera a la ficción, como dice Lily que tesoro... gracias por compartir!
ResponderEliminarMel: gracias por tus palabras. Me encanta escribir, solamente que a veces no tengo mucho tiempo.
ResponderEliminarTrataré de publicar con más frecuencia para lectoras tan agradecidas como tu.
Tita: era el bisabuelo de mis hijas.
ResponderEliminarSi, las historias de familia son verdaderos tesoros. Del lado de mi suegro (hijo de Paul C) había unos relatos muy interesantes no solo sobre él mismo sino sobre hechos históricos europeos que le tocó vivir en carne propia pero nunca hicimos el esfuerzo de grabar sus narraciones.
Tuvimos la idea pero la fuimos dejando de lado y mira, me arrepiento un montón porque mi suegro ya murió hace algunos años.
Gracias por visitarme.
Yo soy como tu: lo guardo todo!! Bueno, todo quiere decir hasta lo más insignificante si va asociado a un hecho o a una persona que son o han sido especiales para mí.
ResponderEliminarTienes razón: todo el oro del mundo no vale tanto como nuestros recuerdos. Eso no nos los quita nadie!
Saludos y bienvenida a mi espacio.
...traigo
ResponderEliminarecos
de
la
tarde
callada
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
COMPARTIENDO ILUSION
MADRESELVA
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE THE ARTIST, TITANIC SIÉNTEME DE CRIADAS Y SEÑORAS, FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA,JEAN EYRE , TOQUE DE CANELA, STAR WARS,
José
Ramón...
Gracias, José Ramón, por pasar y dejar tu huella.
ResponderEliminar