La gente campesina que
tiene la piel curtida por el sol, las manos callosas, las uñas rotas, la mirada
limpia y franca, el habla sencilla.
La gente campesina que
comparte con el forastero su pan, un pocillo de café cargado o una taza de agua
de panela caliente aunque eso signifique comer él mismo o su familia un poco
menos.La gente campesina que sabe de ciclos lunares y de cómo éstos afectan las cosechas, los partos de los animales, el estado de ánimo de las personas.
La gente campesina que los
domingos va temprano a misa oliendo a jabón de baño, con su ropa limpia y bien
planchada, su sombrero de ala corta, sus zapatos domingueros, su cabello limpio
recién trenzado y que le lleva a regalar al cura una gallina, una canasta de
huevos, piñas, aguacates, mangos, yuca, un racimo de bananos o de plátanos o
cualquier producto de su propia cosecha.
La gente campesina que
vive feliz sin periódicos y malas noticias, sin televisión satelital ni cine
norteamericano, sin Internet y celular de última generación.
La gente campesina que a duras penas lee,
escribe, hace operaciones matemáticas básicas, le dicta sus cartas al escribano
del pueblo y cuando anhela oír una voz lejana va a la central telefónica en la
Plaza Mayor una mañana de sábado, que es tradicionalmente el día de mercado.
Definitivamente: me gusta
la gente campesina.
Que bocanada de aire fresco leerte.
ResponderEliminarHermoso, me hace pensar en una vida más simple, más natural, quizás hasta más feliz :)
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