domingo, 8 de abril de 2012

Gitanerías a destiempo



Siendo niña, muchas veces quise que me robasen los gitanos que pasaban por el pueblo de mi abuelos con sus caballos y sus carretas.

Levantaban sus campamentos en un terreno baldío cercano a su casa. Con frecuencia iban con sus baldes a pedir que les regalasen agua y un poco de leña o carbón.


Mi abuela no nos dejaba salir. Nos escondía para que ellos no nos viesen porque los gitanos, decía ella, eran ladrones. Robaban la ropa de las cuerdas donde las señoras la ponían a secar al sol. Y se llevaban los niños. Nadie los volvía a ver nunca más porque los gitanos no pasaban dos veces por el mismo sitio. Eran seres errantes que no tenian ni casa ni patria.

Yo si me dejaba ver de los gitanos a escondidas de mis abuelos. Me asomaba por el cerco del jardín trasero de la casa.
El cerco eran matas que crecían muy apretadas. Los alambres de púas vinieron después con la inseguridad y los ladrones de verdad.

Yo apartaba las ramas y hacía ruido pero los gitanos no me prestaban atención. Hombres y mujeres estaban en sus oficios. No recuerdo haber visto niños. Quizás dormían o jugaban en el interior de sus carromatos.


Ellas llevaban pañuelos en la cabeza, faldas de colores hasta los tobillos, largos pendientes y muchas pulseras. A mi me encantan las faldas gitanas y cuando han estado de moda (como ahora mismo) las he llevado. Adoro las pulseras en ambas manos. Muchas pulseras. Que cuando mueva las manos ( y lo hago a propósito) tintineen.

Hay gente que se molesta con el "ruido" pero donde esté muevo las manos como molinos, las sacudo y me muero de gusto con el sonido.

Los señores gitanos eran todos musculosos de tanto partir leña y subir y bajar sus pertenencias de las carretas (creo yo). Mientras trabajaban no llevaba camisa y sudaban mucho.Tambien tenían el cabello relativamente largo en comparación con los señores decentes de la época. Trabajaban herrando caballos y martillando pailas de cobre. Mi abuela les hizo el favor de comprarles dos o tres y ahi batía el dulce de panela y el manjarblanco que tanta fama tenía entre su familiares y sus amigos del pueblo.

Ahora solo quedan las famosas pailas que sus nietos se disputaron a su muerte. (Y también casi que a muerte...jejeje...) Pero solo fueron tres los afortunados.

Pues si, señores y señoras: la niña que yo fui y la que aún sigo siendo, quería ser una gitana recorriendo caminos con su gitano en un carromato y durmiendo "a la belle étoile".


Un poco más tarde aparece Federico García Lorca que, no se de dónde ni cómo, se materializó en mis lecturas con sus lamentos gitanos que yo conozco tan bien (y no me pregunten por qué porque no lo se. Mi razón no puede explicar lo que mi corazón siente)

Creo que en mi imaginación de niña soñadora, Federico pasó a ser ese señor gitano que yo quería que me robara y me llevara por el mundo recitándome poemas de cante jondo al oido en noches de luna clara en torno al fuego...mientras yo batía palmas y hacía tintinear mis innumerables pulseras de plata.

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