(Abatida física o espiritualmente. En
particular, algo enferma. Mustia.)
Pues si: mustia, alicaída, sin fuerzas, con dolores musculares,
afiebrada, ronca, débil. Así me siento hoy por hoy.
El viernes pasado sentí que me moría… por lo menos eso era lo que deseaba que ocurriera, palabra de
horror honor.
Nunca en toda mi vida he tenido un malestar así de grande y
fuerte.
El día anterior (Jueves) me acosté fresca como una rosa y hasta
feliz de haber pasado un día de semana diferente con una amiga: almuerzo en
restaurante japonés y tarde de cine (“El lobo de Wall Street”) con muchas
crispetas durante las horas interminables que dura una película que tiene muy
buenas actuaciones (no solamente la de Leonardo di Caprio) pero que me pareció
que retrata un estilo de vida grotesco y desenfrenado que lamentablemente es
una historia real.
Me parece que abusa de expresiones ordinarias, de situaciones
que podrían ser insinuadas sin necesidad de mostrarse explícitamente y de
escenas que francamente hieren la sensibilidad de algunos espectadores. Y que
conste que me jacto de no ser mojigata.
Al día siguiente (y les aseguro que ni la comida japonesa, ni
las crispetas ni la película tuvieron nada que ver) me levanté con dolor en los
nudillos, en las rodillas, en los codos y le dije al míster “Hoy siento que no
soy yo al 100%”
El desayuno no me cupo ni en su cuarta parte y eso que no debo
tener periodos largos de ayuno por mi diabetes. Pero ni agua soportaba tomar,
cualquier cosa que cayera al estómago así fuera solamente gotas me provocaba
unos vómitos de espanto… pero como no tenía nada consistente que devolver,
entonces botaba un líquido verdoso y amargo que me dejaba la garganta en llamas. “Bilis”,
le llamamos acá pero no se si se trate exactamente de éso.
Breve, para hacer la tortura corta: dolores musculares hasta en
el pelo, debilidad extrema, malestar indescriptible, vómitos que me dejaban las
paredes abdominales en compota… y como siempre en esta familia: el enfermo
espera hasta que esté ya de aplicarle los Santos Oleos para que se lo lleven a
un servicio de urgencias hospitalarias. Como bromeamos: “Llévenme ya mismo al hospital
para que me hagan la autopsia y todos sepamos de qué me morí”. (porque de algo se tiene que morir uno, no?)
Esa noche dormí plácidamente a pesar del día infernal que acababa
de vivir. Míster debió haber pensado: “Ay, no!!! Se salvó una vez más! Tiene
las siete vidas de un gato”
Ayer sábado me levanté pensando que la vida es bella… pero así, sin
dolores ni maluqueras. Me fui a pasar el día donde una amiga para despedir a
otra de nosotras que se va definitivamente para Panamá a intentar una nueva
relación amorosa con un gringo (sí, de Internet pero ya él ha venido como tres
veces a visitarla, ella estuvo un mes con él el año pasado en Panamá y aunque eso
no garantiza nada, visto lo visto últimamente en las noticias, pues la
despedimos con bendiciones)
Comí como una sobreviviente de campo de concentración y sentí
que volvía a vivir. En serio: creo que me le faltaba sal al cuerpo porque el
consomé de pollo que sirvieron de entrante me hizo sentir como Lázaro
resucitando gloriosamente de entre los muertos.
Todo bien, todo perfecto: recuerdos iban y venían, chismes
antiguos y frescos, risotadas, infusiones de duraznos, de árandanos o de cerezas
(a elección) manufacturadas en Croacia.
Despedida lacrimógena, promesas de seguir en comunicación y de
no callarse nada si algo no funciona bien, consejos de “salga corriendo por la
misma puerta por donde entró, querida, y no se detenga hasta que llegue al aeropuerto o al primer puesto de policía”.
Y como en las películas: mi amiga que se va en su línea de
transporte (diferente a la mía) y la última imagen es ella agitando su mano,
ambas con los ojos húmedos.
Como cuando mis hijas me van a despedir al tren que me lleva al
aeropuerto de Saint-Exupéry, en Lyon, cada que voy a verlas. Las puertas se
cierran y el sonido es como si le estuvieran echando candado a mi felicidad y
las llaves se quedaran en la acera de esa estación.
La última imagen de mis hijas es siempre borrosa porque mis
lágrimas desdibujan sus rostros amados. Mientras el tren nos separa pienso cómo
voy a poder seguir viviendo acá al otro lado del charco si mi corazón se ha
quedado con ellas.
Hoy domingo, he vuelto a sentirme pachucha pero ahora creo que
tengo fiebre. La ducha matinal fue una tortura oriental, como si me estuvieran
enterrando mil agujitas de hielo por todo el cuerpo, me ha aparecido una tos de lo
más ridícula y me estoy quedando sin voz, la poca que conservo es como de niño
haciendo su transición vocal a la pubertad.
El pronóstico es oscuro y nada prometedor: andan virus extraños,
fuertes, que al llegar a esta ciudad siempre me buscan a mí para hacer su
debut. Dicen que duran, duran y duuuuuuuuuuuraaaaaaaaaaaaannnnnnnnnn!!! como cierta marca de pilas y hasta más que una semana sin carne.
(Por cinco días o algo más, a partir de mañana lunes, no tendré
servicio de Internet en casa así que será por éso y nada más – espero- que no
estaré en comunicación durante un tiempo que ojalá sea breve)
Que tengan una buena semana libre de virus y demás porquerías de
ésas que hacen estragos en el organismo y que pareciera que son cepas que nos mandan los
extraterrestres para doblegarnos a los humanos y apoderarse de una vez por todas
de nuestro Planeta Azul.
Pues que tanto el malestar como la ausencia sean breves.
ResponderEliminarABE
Según pinta la cosa, no será tan breve como quisiéramos.
EliminarFuera Virus chus chus!!! jeje
ResponderEliminarQue te mejore pronto Madreselva y que la amiga sea feliz en su nuevo "proyecto".
Besos enormes y buena semana
Este malestar no he podido sacarlo ni siquiera a sombrerazos.
EliminarEs cuestión de tiempo y paciencia como cuando se trata de cualquier virus: se pueden aliviar los síntomas pero no se puede detener el curso de la infección
Te vamos a extrañar por acá así que espero que tu internet vuelva pronto y el virus se vaya lo antes posible!! Besitos :)
ResponderEliminarNi el virus ni la señal de Internet se han ido aún.
EliminarCuando menos lo piense y espere se irá la señal. Justo cuando ya no lo esté esperando y no esté preparada. Así es la vida.
Gracias por pasar.
Bueno por lo menos Internet te acompaña en el estado viral. Saludos y mucho ánimo en el proceso de recuperación.
EliminarDe nada, ha sido un placer visitar a la enfermucha! :P
Gracias por el acompañamiento
Eliminar:D :D :D
Que te recuperes en un santiamèn y que vuelvas pronto para deleitarnos con tus cuentos!
ResponderEliminarUn abrazo fuerte y un beso
La recuperación está lenta y ganas de seguir contando historias es lo que tengo pero el cuerpo no me da para tanto todavía.
EliminarPasará!!!
Abrazo y beso a millas de distancia porque no te deseo este malestar
Uh.. que te mejores!!! bajón lo de los virus.. descansa y reponete prontito!
ResponderEliminarbeso
Gracias por tus deseos.
EliminarVoy a pasito de tortuga pero creo que es lo esperado en estos casos.
¡¡¡Sana, sana, colita de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana!!!
ResponderEliminarQue te mejores pronto, tírate en cama y a descansar, que es lo que el cuerpo necesita, a beber mucha agua y tés calientitos (acá es invierno, es fácil recetarlos no?)
Te mandamos mil besos y un fuerte abrazo!!
Yo cambio los tes por sopitas de pollo y fideos bien calientes aunque aquí aprieta el calor que da gusto!
EliminarPor amor a Iara, a tus dos otras nenas, al padre y a la madre gestantes, mejor me tengo a prudente distancia y allí recibo besos y abrazos tirados al aire... :D :D :D
Espero que a esta altura ya te encuentres repuesta! que raro todo lo que nos relatas... esos altibajos son de terror...
ResponderEliminarUn abrazo!
Esos altibajo son de espanto pero parece que es lo típico y usual en estos casos.
EliminarLa verdad es que es preocupante, de seguir así vuelta al médico aunque no me encuentre nada!!!
Gracias por pasar a pesar del peligro de contagio... :D :D :D