La época en que más he peleado con
el míster fue en los preparativos de nuestra boda.
El asunto llegó a tal extremo que
Alexandre, su hermano (q.e.p.d.) se reunió un día formalmente con nosotros y
nos confrontó: estábamos realmente seguros de querer casarnos y de seguir
compartiendo juntos la vida? Porque ya todo estaba pasando de castaño oscuro.
No conseguíamos ponernos de acuerdo
con el estilo de las invitaciones ni con la leyenda que queríamos que las
acompañara, ni con el color del papel, ni con el sitio de la recepción, ni con
el menú de boda y muchísimo menos con el número y nombre de los invitados que
tenían que ser muy pero muy bien escogidos porque no había cama para tanta
gente.
De mi parte era relativamente fácil
pues estarían mis padres, mi abuela y una tía-abuela. La mayoría de mis amigos
habían regresado ya a sus países y una que otra amiga colombiana que quedaba
todavía por esos lados no eran muy cercana a mí así que no salieron
favorecidas en el sorteo y nunca me lo perdonaron.
Mi cuñado salió al quite con lo del
sitio y el menú diciendo que ése sería su regalo de boda y que él se encargaría
de todo para que tuviéramos siquiera dos motivos menos para pelear con uñas y dientes.
Todo era ocasionado por el estrés pero no se cual estrés si ya llevábamos más
de un año viviendo juntos.
El menú (del cual no me acuerdo ni
poquito pero se lo que se ofreció porque
por ahí apareció una de las tarjetas que
se pusieron en las mesas) fue:
* Duraznos con queso a las finas
hierbas ( ? )
* Sopa flamenca
* Lenguado a la normanda
* Asado “Príncipe Orloff” con
guarnición de Ensalada Rusa y croquetas
* Pastel de Boda
* Café colombiano (que fue lo único
que aceptaron de mi familia como contribución al banquete)
* Vinos y licores
Tengo borrado el archivo mental sobre
la comida. Recuerdo el resto de la tarde (de un día húmedo y frío de Septiembre
porque lloviznó todo el tiempo): hubo una mezcla de música de fondo (belga,
rusa, colombiana) mientras charlábamos y tomábamos fotos (de todo y de
todos menos de la comida) y yo disfrutaba de la presencia de esos pocos
miembros de mi familia, recién llegados a Bélgica para mi matrimonio y para un
recorrido por algunos países europeos.
Recuerdo también a Natasha, de 10
años y la hija del mejor amigo del míster, bailando música folclórica rusa mientras mi suegro y los invitados de su
colonia aplaudían a rabiar a la muchachita.
Al caer la tarde, mis familiares se
fueron a dormir a un hotel en Bruselas y nosotros dos volvimos al apartamento,
cansados y más muertos que vivos después del estrés vivido pre-matrimonio y en
el día mismo.
La noche de bodas (adelantada hacía
mucho rato!) la pasamos uno en brazos del otro oyendo nuestra música francesa
favorita y especialmente, una y otra vez, a Jacques Brel (icono belga)
cantándonos “La chanson des vieux amants”… porque resumía bellamente los casi dos
años que ya llevábamos juntos y nos pronosticaba otros eventos futuros como
pareja en todo este tiempo actual que llevamos soportándonos, compartiendo techo, deudas y demases : los
momentos tormentosos, las ganas de hacer cada uno sus maletas y mandar todo al
diablo pero también los ratos de felicidad a dúo, (momentos tutti frutti), las
pequeñas y aparentemente banales cotidianidades compartidas, los proyectos de vida en conjunto
(unos cumplidos, otros no) y esas tantas experiencias que se derivan de la vida
en pareja (incluido un cuasi intento de
separación llevado a cabo durante algunos meses) … sin embargo, la oveja
siempre vuelve al redil y ahí vamos, tirando de la carreta, a veces pesada, a
veces liviana pero por ahora no consideramos dejarla abandonada a la vera del
camino… porque mientras el cuerpo aguante…
Mon doux, mon tendre, mon
merveilleux amour, de l’aube Claire jusqu’à la fin du jour je t’aime encore, tu
sais, je t’aime / Mi dulce, mi tierno, mi maravilloso amor, desde el alba clara hasta el final del día, aún te amo, sabes?, te amo
Y la luna de miel? Ya lo saben, hubo
noche de bodas pero no luna de miel como tal.
El míster reservó sus días de
vacaciones para el verano siguiente y yo me fui con mis padres, abuela y
tía-abuela viajera a Holanda, porque ellos necesitaban una guía de turismo que
no les saliera más caro que el transportarla en el auto alquilado, alojarla y
darle de comer.
Luego les pedí que siguieran su itinerario ellos solos porque me parecía como descortés y
supremamente feo dejar al míster abandonado a poquitos días del matrimonio.
Si yo hubiera sabido que ésto iba a
durar tanto tiempo y que parte del pegamento serían dos hijas, seguro que habría
aprovechado la invitación y me hubiera ido con ellos a acompañarlos en todo su
recorrido.
El nuevo esposo me lo sugirió y a mi se me
alborotaron los pensamientos paranoicos:
“Y éste por qué querrá que yo esté lejos algunos días y sobre todo recién casados?”
Pues no le di gusto y me quedé en casa.
Ahora lo lamento,verdad que si. Y miren que yo (casi) nunca me arrepiento de
lo hecho o dicho porque todo me lo pienso primero mil veces así que no tengo la
excusa salvadora de que obré por impulso y sin pensarlo.
No se si fue bobada mía o puro amor. Quizá mitad y mitad.
Que maravilloso es el amor, que bello es leer un amor con tantas cosas vividas, gracias por compartirlo Bella! Me emociona tanto una boda! y coincido contigo, era feo dejar al Míster en esos días después del matrimonio! No van de vacaciones a Bélgica constantemente?
ResponderEliminarConstantemente no y es una lástima.
EliminarMás vale algunos miembros de la poca familia que le queda a mi esposo han venido a quedarse algunas semanas acá en casa (de sus 4 sobrinos han venido las dos chicas).
Lo que pasa es cuando llega el momento adecuado para viajar (verano) el dinero lo destinamos a traer nuestras dos hijas de vacaciones a Colombia. O sea que sería tonto traerlas a ellas e irnos nosotros para allá.
Tampoco podemos/queremos salir del país mientras ellas están acá. Son los días que tenemos para disfrutar con ellas en familia (con sus abuelos, tíos, primos, etc.)
Vienen, se oxigenan, recargan baterías afectivas y "adiós" de nuevo.
Pero en algún momento nos tendremos que organizar diferente...
Siempre es lindo leer sobre historias de amor!!!
ResponderEliminarGracias por compartir una parte de la tuya.
Besos y buen fin de semana.
Gracias, Betty.
EliminarA mi también me fascina oir las historias de amor de los demás: cómo, cuándo, dónde se conocieron y demás.
Ojalá todas ustedes se animaran a contar la suya...
Feliz fin de semana también para ti.
Que lindo leer esta parte de la historia.. los nervios y estress de los preparativos es algo bastante conocido. Se de muchos que terminan con los pelos de punta preparando el “Gran dia”. Que lindo que hayan pasado tantos años y siga siendo una bella historia de amor.. eso es lo mas importante de todo, no? seguir amándose y seguir juntos..
ResponderEliminarBeso, buena semana