En Colombia se tiene la tendencia a llamar "gringo" a cuanto extranjero (con idioma incomprensible) pisa nuestro territorio nacional de visita o para quedarse aprendiendo a amar este país de encantos, miserias y paradojas.
Hecha esta aclaración, paso a narrar los hechos:
PRIMER ACTO
Compro 100 euros en una casa de cambios para pagar una deuda con "mi-hermano-el-médico", gastos mios en los que incurrió en su reciente viaje. Guardo el billete en un bolsillo delantero de mi jean (dizque por seguridad).
Recibo en un asadero de pollos un magneto con los teléfonos para pedir domicilios. Ese si lo guardé en mi cartera. En cual de todos sus compartimientos? Vayan ustedes a saber!!!!
SEGUNDO ACTO
El "gringo" me mira con desconfianza y un poquitín de susto. No se si no me cree o teme lo peor frente a los acontecimientos que se avecinan.
Busco desesperadamente el billete de 100 euros en los bolsillos de mi jean y como dicen los magos en las fiestas infantiles: "nada por aquí, nada por acá".
Queda una opción. Y voy a hacer uso de ella, completamente irritada y desesperada.
Tiro sobre la cama todo, absolutamente todo el contenido de mi cartera/bolso/saco o como ustedes quieran llamarlo. Aprovecho para sacudirlo, voltear el forro y dizque organizar su contenido. Puras mentiras que me cuento. El contenido seguirá siendo el mismo y ubicado de igual manera "per omnia saecula saeculorum." Es decir, por toda la Eternidad o al menos hasta el final de los tiempos. Que como que viene a ser lo mismo, no?
Vuelven a su sitio, en los tres compartimientos (de menos no me sirven las carteras) toda clase de artículos más o menos clasificados según sus usos.
En uno: las libretas de apuntes y direcciones (sí, son tres pero pequeñas y llenas de posts a medio redactar, papelitos y tarjetas de visita que voy recibiendo), tres bolígrafos (uno azul y dos negros de punta muy delgada) y alguna factura suelta que (creo) voy a necesitar en cualquier momento cercano.
En el otro: cepillo de la cabeza, cepillo de dientes en su estuche protector, un minifrasco de crema de manos, otro minifrasco de antibacterial para las manos, dos monederos (uno con monedas, el otro con las llaves de mi escritorio en la casa) y un paquete de toallitas desechables. No tengo billetera desde que me robaron una en un transporte público años ha. Quedé curada de espantos, es fácil que metan la mano al bolso y se la lleven con dinero y documentos. Ahhhhh y el celular que casi nunca consigo atrapar antes de que deje de sonar... como vivo en las nubes ocupada oyendo mis pensamientos y hablando conmigo misma, casi siempre es alguien que está cerca a mi quien me advierte: "La están llamando" y yo (palabra de honor) también casi siempre contra-pregunto: "Quien?" y volteo a mirar para los cuatro costados. Es anécdota familiar y por tanto objeto de burlas en reuniones.
Bolsillo pequeño e interior (hace parte del forro): medicamentos de repuesto para la diabetes y la hipertensión por si me pillan fuera de casa las diferentes horas de tomarlos. Medicamentos antigripales, un botecito de Splenda en pastillas y cuatro sobres de la misma Splenda granulada. Más dos o tres bolsitas plásticas limpias y bien dobladitas por si se me ofrece (a mi o a alguien que esté conmigo) empacar alguna cosa en un sitio y momento donde no sea fácil conseguirlas. Un par de llaves de repuesto de su apartamento que me ha dado a guardar una amiga que vive sola, "por si acaso".
Segundo bolsillo (exterior pero con cierre y en el lado que queda pegado a mi cuerpo): tarjetas de banco, carnet de salud, cédula de identificación, lima de uñas, chicles y dulces, (incluidas unas barritas de chocolate ) algunos especiales para diabéticos y otros de los normales por si tengo un amago de hipoglicemia (cosa que poquísimas veces ocurre).
Bueno, todo éso quedó a la vista en cuatro montoncitos bien ordenados.
El "gringo" no creía lo que veían su dos ojitos mongoles. No tanto que tuviera "taaaaantas cosas" sino que toooooooooodas esas cosas cupieran en un bolso mediano. Pero caben, mon cher époux. Lo estás viendo de primera mano.
Y éso que faltaron las gafas con su estuche cuando creo que las voy a necesitar fuera de casa.
TERCER ACTO
Desesperación total. Ni billete ni magneto promocional. Esto se convierte en algo así como "Buscando al soldado Ryan" en los closets, en los cajones de las dos mesas de noche, debajo de los muebles del dormitorio y hasta en el tarro de basura, también "por si acaso".
Sobre todo que ya ocurrió pero con un billete colombiano en un momento en que estaba regañando a Tatiana en su reciente visita. ("Castigo de Dios" sentenció ella).
CUARTO ACTO
Declaro oficialmente desaparecidos el billete y el magneto. Pago mi deuda en su equivalente en pesos colombianos. El magneto es lo de menos, en nuestra próxima visita pediré otro.
Me echo al dolor y a la pena. El "gringo" no deja de exclamar "franchement...incroyable... que se passe-t--il dernièrement avec toi????" (silencio mudo de mi parte, arriesgo cometer "conyuguicidio") y claro, las preguntas imbéciles, idiotas, descerebradas de quienes me preguntan "Y usted si se acuerda donde guardó el dinero y el magneto?"... " Claro que YO recuerdo donde los guardé pero NO ESTAN AHI, ENTIENDEN? NO ESTAN AHIIIIIIIIIIII". Gracias por su comprensión querida familia. Y les advierto que no sospecho de robo. Punto."
QUINTO ACTO
(Queda para el próximo post porque éste ya está más largo que una semana sin carne)
Yo también he empezado a preocuparme
ResponderEliminarABE
De qué y por qué?
ResponderEliminar