Días después, resignada ya a las pérdidas y después de concluir que de pronto el billetico se me cayó del bolsillo del jean y que el magneto... bueno, a ese objeto extraviado no le encontraba explicación porque yo me acuerdo perfectamente del momento en que lo guardé en mi bolso... empiezo a buscar cualquier cosa en mi cartera. Ya no recuerdo qué (????)
Y aparecen: el magneto entre una de las libretitas y ......tarararán......el billete de 100 euros perfectamente dobladito (como recuerdo haberlo guardado en mi jean) entre una y otra bolsa plástica de las que llevo de reserva en el bolsillo pequeño interior de la cartera.
1. Yo busqué ahí y varias veces, lo juro, lo juro, lo juro.
2. El "gringo" está profundamente ofendido porque sugerí (solo sugerí) que de pronto todo éso era patraña suya para comprobarme cómo vivo de despistada y de acelerada a pesar de la Fluoxetina.
3. Descarto lo del hoyo negro, las cosas se hubieran ido para no volver simplemente porque alguien las hubiera encontrado en Laponia, en Nepal o en Nueva Zelanda. Y nunca me las enviaría de regreso, de éso estoy más que segura.
4. Acuso de frente a los duendes. Yo creo que los duendes existen y que son juguetones, esconden cosas y disfrutan con nuestra desesperación cuando las buscamos como perros hambrientos desenterrando huesos.
Es más... los amenacé con desterrarlos a palos y a sombrerazos, los regañé por sus bromas super pesadas pero terminé suplicándoles de buena manera que me devolvieran mis pertenencias, sobre todo el billete de 100 euros aunque en otra ocasión, con la generosidad y la espiritualidad alborotadas, deseé que lo hubiera encontrado alguien bien necesitado de ese dinerito (supongo que por tal motivo volví a encontrarlo yo...)
Creo en el Mundo de la Gente Menuda. Uno de mis sobrinos, cuando estaba pequeñito, nos trajo un duende de su casa a la nuestra y creo que se le olvidó llevárselo (apareció rota una sábana en la cama donde se había acostado a dormir una siesta y luego nos dijo que no había sido él sino el duende con el cual jugaba en su casa y que se había venido detrás suyo para la nuestra). Claro que la sábana tenía ya un pequeño descosido pero no de las dimensiones con que apareció cuando el niño se despertó.
En defensa del duende diré que mi sobrino estaba muy pequeñito, que su madre -de quien es muy apegado- había viajado a USA por unas semanas y que él reaccionó orinándose en los pantalones en cuanto sitio se paraba. Después de que su duende rompió nuestra sábana, él se orinó al pie de la cama de una de mis hijas mientras nos contaba lo que supuestamente había pasado.
Pero mucho antes de ese suceso con Abraham, mi Gran Duquesa mayor (como de 7 años en esa época) también veía al duende, con su sombrerote, en nuestra primera casa donde ella nació.
Fueron épocas de terror para ella y de desespero para mí, que sufría lo indecible con sus angustias hasta que un día, fuera de mí y llorando, le grité que hiciera algo ella misma, que ya no me aguantaba sus llantos siempre por la misma razón, que no podía más con éso, que me iba a enloquecer... y Santo Remedio, fue como con la Mano de Dios: ese ser se marchó de la casa y de su vida. Le quedaron otros "poderes paranormales" pero más sutiles y más soportables a mi amada brujita mayor.
Por éso creo que hay un duendecillo (o dos o tres, qué se yo!) en mi cartera. Aunque "el gringo" me sigue mirando con una mezcla de extrañeza, incredulidad y hasta conmiseración mientras murmura para sí mismo " je n'arrive pas à le croire...je n'arrive pas à le croire" y a mis hijas les comentó "je commence à penser que votre mère déconne" ... y ellas, carne de mi carne, sangre de mi sangre, contestaron al unísono y con sonido en estéreo, en perfectísimo español para que no me quedaran dudas idiomáticas : " ay paaaaaaaaa, desde hace rato, no te habías dado cuenta?"
Déconner es algo así como que a uno se le ha corrido la teja, le falta un tornillo, se le ha quemado el disco duro, se le ha dañado la unidad cerrada, comienza a hablar incoherencias o a decir estupideces de marca mayor en voz bien alta.
Espero que ustedes no empiecen a pensar también lo mismo de mi. Pero si se me notase mucho, por favor me lo dicen, vale? Se les agradece de antemano la franqueza y la valentía.
Ahora si que acabé de preocuparme!
ResponderEliminarSe te está empezando a notar un poquitico.
ABE
TONTO!!!!!
ResponderEliminarQué ganas de hacerte el chistoso, no?
Los duendes Madrselava, son los duendes no lo pienses más de seguro, están de bromistas, Sábes me quede más tranquila después de leer tu post anterior ya que pensé que era la única loca que metía todas esas cosas en una cartera, y le sobraba lugar para cosas de ultimo momento.
ResponderEliminarUn abraso.
Madreselva, amiga. Tanto tiempo, con Norton te enviamos un saludo desde Londres. Ya he subido una nota a mi blog luego de meses de silencio, me he hecho un "huequito". Espero estes bien!
ResponderEliminarsaluditos!
María: entonces somos una cofradía!
ResponderEliminarY sabes qué? Se me olvidó relacionar el espejito de mano y el lápiz de cejas.
Maquillaje no cargo porque ya casi no me maquillo y además todo se me volvía un asco en el bolso.
Saludos
Sergio y Norton:
ResponderEliminarFeliz de tener nuevamente noticias de uds dos aunque solamente uno tenga montones de experiencias qué contar.
Pero tu, Norton...qué quieres que te diga?
Espero que también la hayas pasado de diez allí donde te dejaron en custodia.
Yo, que tu, me les iba definitivamente para ese sitio. O al menos una temporada para que sufrieran.
Abracitos para los dos pero más para Norton.
Madreselva, asi pasa, las mujeres somos multitasking y en algun momento se nos han de ir las cabras a pastar :) jejejejeje, No pasa nada estas muy joven como para Déconner, te mando un abrazo.
ResponderEliminarMel: le he leido tu comentario al "gringo" y solo dijo que era pura solidaridad de género :)
ResponderEliminarDe verdad que yo no me explico el fenómeno y con tal de no pensar mal de mi misma prefiero creer, de verdad, que fueron los duendes.
Que sí, que existen, mujer!